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Trabajadoras informales de Oaxaca desamparadas ante el COVID-19

Foto(s): Cortesía
Nadia Altamirano Díaz

La necesidad de un ingreso marca el paso apresurado de Lucía Ramírez, una mujer de 71 años que recorre las calles de una población en Valles Centrales con dos cubetas que rebozan de atole.


Entre más rápido camine la sensación del peso será menor, pero también más pronto terminará de vender un producto que cada vez se consume menos y por el que le pagan poco, por ser una bebida caliente más barata que la leche.


La sordera que desde hace unos años le aqueja en el oído izquierdo de Lucía le resta fluidez a la conversación.


Ella no identifica que es una trabajadora informal que por su edad está dentro del grupo de riesgo de enfrentar complicaciones si enferma de COVID-19.


Pero en el diccionario personal de Lucía no existe el término descanso.


De lunes a domingo sus ojos de abren entre las 4:00 y 5:00 de la mañana, sin necesidad de oír un despertador.


Aún con la ausencia de luz del sol, Lucía se pega a su molino manual por donde hará pasar una vez tres kilos de maíz que coció en las horas previas, antes del corto sueño.


Esa primera molienda le permitirá separar medio kilo de maíz triturado que llama granillo, ese que va al fondo del atole y que cada vez menos clientes identifican.


Del resto de maíz tendrá que hacerlo pasar cinco veces por el molino manual de acero inoxidable, con una pequeña tolva y un juego de cuchillas que Lucía hace funcionar con la fuerza que le imprime para que la palanca no deje de girar.


Dos o tres horas después, el proceso de cocción inicia en un cazo grande de aluminio, ennegrecido por el fuego de la leña a raz de piso.


A las 9:00 de la mañana Lucía logra que el maíz triturado y el agua se conviertan en un atole que ofrece en dos cubetas verdad con capacidad de 20 litros por los que obtendrá cien pesos de ganancia.


“¿Día del trabajo?”, se pregunta con extrañeza una mujer que acumula 50 años elaborando atole, una actividad sin derechos laborales que le permitieron crecer a cuatro hijos.


No oculta el miedo a enfermarse de COVID-19 o de cualquier otra casa que la tumbe en su cama, porque no acostumbra quedarse sentada “sin hacer nada”, a menos “que me agarre la gripa”.


Adultos mayores


Después de la Ciudad de México (11.3%), INEGI ubica a Oaxaca como la segunda entidad del país con el mayor porcentaje (10.7%) de personas mayores de 60 años censadas al 2010.


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