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¡Qué no te acabe el estrés!

Foto(s): Cortesía
Redacción

Cansancio, irritabilidad, incluso calambres y reumatismo: el estrés a veces puede acarrear reacciones nefastas. Sus efectos pueden ser más o menos graves, según el acontecimiento que las provoque y la resistencia de cada uno a la ansiedad.


El estrés es una reacción normal del organismo. Permite que éste se enfrente a ciertos acontecimientos imprevistos, o que se adapte a cambios importantes. Sin embargo, también puede estar relacionada con enfermedades denominadas "de adaptación ". Estas enfermedades aparecen cuando nuestro cuerpo ya no puede luchar contra las tensiones permanentes y constantes.


El estrés en si no es una patología, sino el origen de la evolución de algunas afecciones preexistentes, como el asma, la migraña y la diabetes, etc.


Cuando nuestro cuerpo está sumido en el estrés es muy importante empezar a detectar las voces de alarma. Si sufres uno o varios de los siguientes síntomas, quízas haya llegado el momento de reducir las tensiones que te rodean:


- Cansancio, especialmente por la mañana.
- Transtorno del sueño.
- Ansiedad.
- Irritabilidad.
- Nerviosismo.
- Reumatismos: dolores articulatorios, pariartritis, artrosis.
- Contracciones musculares, en particular en la curvatura del cuello, la espalda; también calambres.
- Transtornos sexuales por una bajada de libido.
- Pérdida de memoria: olvidos, equivocaciones.


ESCUCHA TU CUERPO


Si no has sabido escuchar a tu cuerpo, el exceso de estrés puede suponer un verdadero problema de salud que depende de tu propia predisposición eventual y de tus antecedentes. En el caso de la mujer, se manifiesta especialmente a través de la ansiedad, la obsesión y la depresión.


En cambio, en los hombres puede haber indicios como úlceras, problemas cardiovasculares y problemas sexuales.


Identifica los padecimientos


Enfermedades digestivas (espasmos, sequedad en la boca, gases, diarrea, gastritis, úlceras, colopatías).


Problemas cardiovasculares (palpitaciones, dolores, molestias en el pecho, hipertensión, angina de pecho o infarto de miocardio)


Hipertiroidismo.


Infecciones vírales o microbianas debidas a una disminución de las defensas inmunitarias.


Infecciones cutáneas (eccemas, granos rojos, soriasis, herpes, caída de pelo, picores).


Problemas ginecólogicos (restraso o ausencia de menstruación afecciones benigna).

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