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¿Por qué un psicoanálisis debe ser caro?

Foto(s): Cortesía
Redacción

Alejandro José Ortiz Sampablo / Tercera de siete partes


En la nota anterior mencioné tres elementos (la diferencia, el síntoma y la relación con el dinero que el paciente tiene) que estarán como fantasmas circundando el tratamiento psicoanalítico.


Supuesto y engaño


Es de suponer que el psicoanalista se ha entrenado para ser un gran observador, por lo que es consciente de las consecuencias que tendría el no renunciar a toda expectativa en su quehacer terapéutico. Por otro lado, es de esperarse que en dicho entrenamiento, el analista alcance una claridad respecto a la dinámica del alma, sus leyes y fuerzas; conocimiento imprescindible para la creación de soluciones distintas y en la mayoría de ocasiones impensables en la lógica del individuo. Ahora bien, tanto el alcanzar un nivel de observador, como el conocimiento mencionado, no es garantía de un buen ejercicio en la clínica psicoanalítica, pues es bien sabido que existen sujetos impermeables a cualquier tratamiento terapéutico, a quienes conocemos con el título de canallas.



Disyuntivas


Lo siguiente que mencionaré es motivo de polémica, y es un tema que poco se aborda, pero que lamentablemente existe. Es en el área de la psicología y del psicoanálisis donde los sujetos mencionados encuentran refugio para su proceder, pues muchas de sus prácticas quedan ocultas en lo que conocemos como el “deber ser”, siendo su manera de cobrar una expresión de su dinámica psíquica. De esto último hay varios ejemplos, mencionaré más adelante dos de los más recurrentes.


¿Por qué hablar del tema, cuando de lo que se trata es elucidar la pregunta que da título a esta serie de notas?


Una conducta dice más que mil palabras


Son las conductas más estrafalarias y las patologías las que nos sirven de lupa para observar las profundidades del alma; en este caso, son estos sujetos que en la manera de cobrar muestran lo que privilegian en el tratamiento.


Hace aproximadamente un año recibí a un paciente a quien le llamó la atención mi método de tratamiento (que dicho sea de paso es el que forjó Sigmund Freud) y la manera en que se efectúa su pago. A raíz de esto, me contó que su anterior analista tenía la costumbre de cobrar las sesiones incluso si eran canceladas a última hora por el paciente o simplemente no acudía por olvido. Recordó una ocasión en la que se demoró 15 minutos en llegar y la experiencia le dejó la impresión de que el psicoanalista solo lo recibió para cobrarle. El argumento que éste le dio fue que no llegar a tiempo a su cita era una falta de consideración con el otro y una agresión a su persona.


Continuará el miércoles…


¿Quieres saber más? Pide informes a los teléfonos 951 244 7006/951 285 3921 y ¡Hazte escuchar por un psicoanalista del INEIP A.C.!


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