El encuentro
Te conocí cuando te llamaban la abuelita de Batman. Lanzabas bastonazos a la buena de Dios e intercambiabas dibujos y poemas garabateados en trozos de papel por unas monedas, o por un trago.
Encorvada caminabas gritando tu poesía, una reina en escena, una bruja, una diva rebelde. Mujer de voz potente, de carisma complejo, de libertad absoluta y disoluta y yo, de voz escondida, corre y escóndete bajo la cama, no sé dibujar cocodrilos porque parecen escaleras, y tú:
"Soy Guadalupe Amor, la mexicana que es dueña de la tinta americana, puedo escribir endecasílabos, dodecasílabos y lo que quiera. Bastante hago con ser genial".
Me atrajo el espíritu habitante en tu personalidad escandalosa, me conmovió pensar en los tormentos no del presente, del que parecías no estar consciente, sino de los del ayer y me pregunto: ¿qué tan parecidas somos?
Recuerdo tu poema de la Bruja, y no me identifico; en cambio, el del espejo, ese sí que hizo mirarme en tí y a tí en mí, y después el maniquí, casa redonda, letanía de mis defectos…
Luego te perdiste en la prisa de mi cotidiano, hasta que me re encontré con tu rostro; a mi parecer llegaste sola, te propusiste, te impusiste y yo cedí miedosa, pero valiente, y aquí estamos, con las similitudes y diferencias que he descubierto.
El desencuentro
Quieres hacerme gritar y yo quiero que hables en voz baja; quieres que me atreva a lo estrafalario y yo, quiero que se te quite el miedo a lo austero. Fuiste una mujer rica, poderosa, lo tuviste todo y lo perdiste todo, pero seguiste creyendo que tenías la sangre azul.
Te faltó humildad, te defendiste del miedo a ser común. Yo, percibo compasivamente a una mujer que sufrió el más grande de los dolores, la muerte de su único hijo, un bebito que se ahogó en una fuente del jardín de su casa. Te dolió tanto que te encerraste diez años, te escondiste del mundo y reclamaste a la vida, a Dios, al destino. Tocaste el infierno de la pena, escribiste poemas y te desangraste en letras que luego gritaste ante audiencias que te aplaudían y halagaban, pensaste que te aliviaba, pero yo no te creo.
No honro a la mujer gritona y ofensiva que insultaba llamando despectivamente gatos, indios, incultos y poca cosa a quienes no le acariciaban el ego. A la que honro es a la mujer poeta, a la que dejó un legado en letras que gritan lo que muchas callamos, me rindo, en tu honor y en el propio. Sí, Pita, elijo no esconderme más, ni tras la locura ni debajo de la cama.
La ofrenda
Brindar tributo a nuestras antecesoras, es al mismo tiempo un rito de iniciación para las generaciones presentes y un legado a las venideras. Así, las historias se acarician entretejiéndose en un tiempo donde es posible reconocernos ayer y mañana. Esta es una invitación a que presencies el Telar en honor a ocho mujeres creadoras, elaborado en Arte Laboratorio La Rueca bajo el abrazo de las maestras Susana Frank y María Sánchez. La cita es el 8 de marzo a las 12 pm en la página https://www.facebook.com/artelaboratoriolarueca.
