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Niños indígenas enfrentan temores por pandemia en la Mixteca

Foto(s): Cortesía
Redacción

HEROICA CIUDAD DE TLAXIACO, Oaxaca.- A un año de la COVID-19, las poblaciones indígenas de la región Mixteca han cambiado la forma de vivir, de interrelacionarse, ya que la información que fluye de la pandemia es compleja y difícil de entender, sobre todo porque esta no circula en la lengua materna; no hay maestros para explicar, son muy pocos los medios que llevan los mensajes en lenguas originarias; sin embargo, hombres y mujeres tratan de apoyarse con sus hijos más grandes y algunos preparados en escuelas de nivel superior; es la única forma de obtener información para actuar con precaución ante la enfermedad que ronda las poblaciones indígenas, expresó Alicia Guzmán Ortiz, psicóloga originaria de la comunidad indígena de San Miguel del Progreso, Tlaxiaco.


Agregó que el temor por la presencia del SARS-CoV-2, desde que llegó al estado, fue evidente en las zonas urbanas, pues en las comunidades rurales solo se escuchaba como algo difícil que pudiera llegar; pero el miedo también hizo presa a los pobladores cuando los tres niveles de gobierno llamaron  a la suspensión de clases en las escuelas, así como el cierre de comercios y el retiro de los días de plaza en las cabeceras municipales.


Indicó que la suspensión de clases y labores en los centros de trabajo, causaron los primeros trastornos de conducta entre las niñas, niños y adolescentes en las zonas urbanas, mientras que en las zonas rurales, las niñas y los niños fueron llevados al campo a trabajar junto con los padres de familia; y tanto un sector poblacional como el otro tuvieron dificultades para  asimilar lo que ocurre en el planeta.


Guzmán Ortiz, quien actualmente trabaja con grupos de adolescentes de comunidades indígenas en la escuela preparatoria “Lázaro Cárdenas” en Tlaxiaco, externó que los “casos psicológicos y conductas que la pandemia dejará” no solo en los niños y adolescentes, sino en la población en general, ya se ha empezado a trabajar tanto en las escuelas como en la población.


Citó que en un principio, la pandemia se creía lejos de las poblaciones originarias, pero esta generó miedo cuando los primeros casos se presentaron en amigos, familiares, conocidos o personas muy cercanas que se contagiaron y algunos desafortunadamente murieron.


Añadió que para las madres de familia, el confinamiento se ha vuelto complicado, pues les cambió la vida totalmente al dejar de realizar sus actividades por dedicarse básicamente al estudio con los hijos; las zonas rurales empezaron a presentar síntomas que psicológicamente se manifestaban sin que estas tengan nada que ver con el virus; las sugestiones empezaron a apoderarse de las familias; sin embargo, "grupos de voluntarios nos dimos a la tarea de hablarles en nuestra propia lengua materna para evitar la sugestión entre habitantes por la COVID-19".


Dijo que "estamos frente a un problema que está dejando la pandemia; las secuelas psicológicas que se deberán atender una vez que esta vaya bajando su intensidad para tranquilidad de niñas, niños y adolescentes indígenas, que por su condición social no encuentran explicación alguna de lo que está pasando, generan ideas que les causan trastornos que deben ser atendidos a tiempo".

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