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Morir entre carencias, deudas y un sistema de salud deficiente en Oaxaca

Foto(s): Cortesía
Nadia Altamirano Díaz

Enfermar en plena contingencia sanitaria hizo que la familia de Roberto García aumentara sus deudas y extinga sus esperanzas de sobrevivencia para un hombre de 68 años que no tiene derecho a que el sistema de salud cubra sus necesidades de hemodiálisis.


"Solo estamos esperando que muera", expresa María de los Ángeles Ambrosio, al referirse a la salud de su suegro, un hombre cuya vida laboral dedicada a la albañilería lo mantuvo en la informalidad, sin la seguridad social que podría permitirle exigir su derecho a la atención médica de manera gratuita.


Sentada en el patio del Hospital General Doctor Aurelio Valdivieso de la ciudad de Oaxaca, no oculta su enojo de un peregrinar médico que iniciaron en miércoles pasado con sospechas de COVID-19 que llevaron al traslado de su suegro Roberto al Hospital Regional de Alta Especialidad de Oaxaca, de donde cree que el domingo salió peor, "casi moribundo".


En su mano izquierda sostiene el pase de visita que desde el domingo le extendió la trabajadora social para poder ingresar a la cama 211 de Medicina Interna entre las 16:00 y 18:00 horas.


En un pedazo de hoja blanca la lista de material médico, como parches para monitorización, que hicieron que ayer se gastara 200 pesos.


Sin servicio de hemodiálisis


Buscando el Hospital Valdivieso, la semana pasada el señor Roberto se confundió y llegó al Hospital Regional Presidente Juárez, donde le brindaron la atención porque en el cuestionamiento que le realizaron respondió que sus hijos eran maestros, pero no especificó que de la albañilería.


“Si lo atendieron, pero después le dijeron que debía acudir al Hospital Valdivieso porque era candidato a iniciar con la hemodiálisis”, lo cual también le confirmaron en el Centro de Salud de Servicios Ampliados (Cessa) de Tlalixtac de Cabrera tras ser rechazado del nosocomio por no contar con ese servicio, pero una radiografía hizo creer al médico en la sospecha de COVID-19.


“Intentamos hacerle la prueba particular, pero nos costaba mil 800 pesos, conseguimos una ambulancia y el miércoles lo recibieron en el Hospital Regional de Alta Especialidad, pero el domingo lo dieron de alta porque el sábado la prueba dio negativo”, relata con indignación.


Para que su suegro Roberto pudiera salir del Hospital Regional debía pagar 13 mil pesos. Su familia malbarató un “terrenito” por 50 mil pesos, pero todavía quedaron a deber 800 pesos porque la primera hemodiálisis costó 14 mil pesos y por la segunda debían pagar mil 100 pesos.


Esperar la muerte entre deudas


Ayer Roberto ingresó al Hospital Valdivieso, pero su familia sabe que no lo darán de alta, sólo saldrá una vez que muera, “ya está muy mal y me dicen que no hay medicamentos, no tienen ni aspirinas”.


Otra opción que le ofreció el personal médico es intubarlo, lo que implicaría costear de manera particular la hemodiálisis porque el Valdivieso es un hospital que carece de ese servicio.


“Dijimos que no porque si viene un servicio particular cobra 8 mil pesos por cada hemodiálisis y nosotros dé donde vamos a sacar ese dinero”, relata.

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