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México, uno de los países más castigados por la pandemia, comienza a ver la luz gracias a la vacunación

Foto(s): Cortesía
Redacción

Las muertes y hospitalizaciones completan 20 semanas a la baja gracias al avance en la vacunación y a la inmunidad adquirida por contagio, señalan expertos.


Con 222 mil 657 muertes, el país es el cuarto con mayor letalidad en números absolutos y el decimonoveno en decesos por 100,000 habitantes según un recuento de la AFP basado en cifras oficiales, pero la tendencia parece alentadora.


El panorama "es esperanzador", dijo a la AFP Alejandro Macías, un epidemiólogo que en 2009 dirigió la estrategia gubernamental contra el virus H1N1.


Macías incluso ve poco probable un "gran brote nacional", aunque sí "brotecitos en lugares donde haya poca inmunidad".


La ocupación hospitalaria también se ha reducido hasta un 13% en camas generales y 14% con ventilador, según el gobierno.


"Todos los indicadores de la epidemia han ido bajando", destacó esta semana el vocero del programa contra el COVID-19, Hugo López-Gatell.


Los casos confirmados, en tanto, suman 2.4 millones (17,300 activos), aunque los especialistas relativizan esa cifra, pues consideran que en México -de 126 millones de habitantes- no se realizan suficientes pruebas.


Si bien asegura que "no hay elementos" para temer un rebrote, el presidente Andrés Manuel López Obrador llama a no bajar la guardia.


Una proyección oficial con corte al 15 de marzo indica que en México habrían fallecido 123,434 personas más que las 214,299 reportadas hasta esa fecha, lo que representa un "exceso de mortalidad" de 72% por el coronavirus.


Inmunidad 


El comportamiento de la pandemia está lejos de lo que fue la segunda ola, a comienzos de año, cuando se rompieron todos los récords.


El 20 de enero, México registró un pico de 1,803 defunciones diarias, con una media de 1,180 en los siete días precedentes; el pasado miércoles anotó 272 muertes, con un promedio de 197 en la semana previa.


La ocupación hospitalaria se ha reducido 88%, tras llegar -durante el pico de enero- a 61% a nivel nacional y a 92% en Ciudad de México, según el gobierno.


"Ya mucha gente se infectó y tiene inmunidad. El virus se ha quedado con menos gente a la que puede infectar", sostiene Macías.


Otro factor que explica esta tendencia es la vacunación, que comenzó el 24 de diciembre con el personal médico que atiende a enfermos de COVID-19. 


La campaña continuó con personas mayores de 60 años y maestros, está por concluir en la población de 50 a 59 años y la próxima semana iniciará para aquellos de entre 40 y 49.


"La vacunación, aunque va lenta, va agregando puntitos a la inmunidad", indica Macías.


Hasta el momento se han administrado 29.2 millones de dosis. De las 20.7 millones de personas inmunizadas, 59% tienen el esquema completo y 41% una dosis, según el gobierno.


México es el undécimo país con más vacunas aplicadas, según un balance de Our World in Data de la Universidad de Oxford, con corte al 26 de mayo.


El gobierno confía en que para octubre todos los mayores de 18 años estarán vacunados.



 


Mayor apertura 


Para Mauricio Rodríguez, de una comisión de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) que monitorea la pandemia, el país también se ha visto beneficiado por los avances en la vacunación de su vecino Estados Unidos.


Macías añade, de su lado, que "el carácter de estacionalidad de los coronavirus hace que se propaguen con mayor facilidad en invierno" que en primavera, en la que se encuentra México.


A su vez, Malaquías López, epidemiólogo de la UNAM, sugiere la posibilidad de que las infecciones se estén presentando en "gente más joven que no necesita ser hospitalizada".


"Es muy difícil interpretar las cifras en México porque se hacen muy pocas pruebas", subrayó.


La evolución de la curva llevó al gobierno a autorizar la reanudación de clases presenciales desde 7 de junio, aunque en principio será potestativo de cada escuela.


En tanto, Ciudad de México pasó a amarillo en su semáforo epidemiológico, tercero en el nivel de riesgo.


Pero persisten focos de preocupación como Quintana Roo, un estado turístico del Caribe donde se localiza el balneario de Cancún.


Allí se registra un aumento de contagios que amenaza con una vuelta a semáforo rojo, lo que implicaría el cierre de actividades económicas.



 


¿Tendrán pronto las farmacias medicamentos contra el COVID-19?


Después de las vacunas, las compañías farmacéuticas están ahora en la carrera por desarrollar un tratamiento que pueda ser ingerido en casa con un gran vaso de agua en cuanto aparezcan los síntomas. 


Porque aunque prevenir es mejor que curar, como dice el refrán, saber curar sigue siendo crucial. 


¿Qué es un antiviral? 


Ya existen antivirales para otros virus, como el VIH, causante del sida, y la gripe.


Al inicio de la pandemia, la financiación y la investigación se centraron en el desarrollo de vacunas, lo que explica en parte el retraso en el desarrollo de antivirales contra el coronavirus. 


"Los virus son pequeñas máquinas que necesitan ciertos componentes para replicarse", explica Daria Hazuda, bioquímica que lleva años trabajando en estos tratamientos. 


"Los antivirales suelen ser pequeñas moléculas químicas, desarrolladas para interferir en esta maquinaria", dice.  


"Introducen una mutación en el virus, y cuando esto ocurre varias veces, estas mutaciones reducen la capacidad del virus para replicarse", agrega.  


Al frenar la enfermedad, se pueden evitar los casos graves, las hospitalizaciones y las muertes. 



 


Los proyectos en curso 


Actualmente hay dos proyectos relativamente avanzados, probados en más de 1,000 personas.


El primero es el del laboratorio farmacéutico estadounidense Merck, en asociación con la empresa de biotecnología Ridgeback Biotherapeutics. El producto se llama Molnupiravir. 


El tratamiento ha sido muy bien tolerado por los pocos cientos de personas que ya lo han recibido.


Los análisis de varias docenas de ellos mostraron que el virus ya no era detectable después de cinco días para todos los tratados con Molnupiravir, pero todavía era detectable en el 26% del grupo de placebo. 


El segundo proyecto es de la empresa farmacéutica suiza Roche, en colaboración con la empresa estadounidense Atea Pharmaceuticals. 


Denominado AT-527, el tratamiento se está probando en unos 1,400 participantes en Europa y Japón, esta vez a partir de los 12 años. 


 

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