En vez de atemorizarse por el riesgo a contagios de COVID-19, Octavio Corres decidió no renunciar a su internado en el Hospital General doctor Aurelio Valdivieso de Oaxaca de Juárez, donde sabe que se necesitan manos para ayudar, tras la ausencia de 73 médicos internos y casi 300 trabajadores que por su edad o condición de salud se retiraron en esta contingencia.
Como él, otros 6 egresados de la Licenciatura de Medicina y Cirugía de la Facultad de Medicina de la UABJO creen que pueden hacer algo por la salud de los demás y que su lugar está en el nosocomio de mayor concentración de pacientes sin seguridad social.
Como una medida preventiva, el pasado 8 de abril la UABJO decidió retirar paulatinamente a sus 238 médicos de pregrado de los diferentes hospitales.
Tan sólo el Hospital General Doctor Aurelio Valdivieso concentraba a 80 intermos que comenzaron su formación práctica en áreas como medicina interna, ginecología, cirugía general y pediatría.
Es en el área de pediatría del Valdivieso, que en plena contingencia funciona a su máxima capacidad al tener hospitalizados a 80 menores, y donde Octavio Corres no quiso abandonar su guardia.
Por puro corazón
Octavio aclara que la parte romántica de su profesión lo hace mantenerse en servicio "por puro corazón".
"Se necesitan muchísimas manos", explica al considerar que la ausencia de 80 internos es un golpe grande al que no quiso contribuir en el Hospital Valdivieso.
Con una licenciatura en comunicación y una maestría terminada, Octavio abrazó la carrera de médico de manera tardía y mientras sus compañeros internos rondan los 23 o 24 años, él sabe que a sus 30 años es de los mayores.
Discreto, no pregona que su padre también fue médico e incluso directivo del Hospital de la Niñez Oaxaqueña doctor Guillermo Zárate Mijangos.
"En esta contingencia yo he visto la solidaridad de las personas, muchas se acercan a preguntar qué se necesita, con qué materiales pueden contribuir", además de que la UABJO les proporciona una parte de insumos y otra el hospital.
Señala que por ahora los enviaron a áreas de bajo riesgo .
"El miedo a infectarse es constante y está siempre ahí, latente, pero es parte del quehacer diario. Creo que los protagonistas de la historia se han enfrentado al miedo en los momentos más decisivos que los coloca en su lugar dentro de la misma historia", finalizó.
