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Males varicosos, olvidados por instituciones

Foto(s): Cortesía
Nadia Altamirano Díaz

La asociación que prevalece entre las enfermedades varicosas y la estética justifica que las instituciones no inviertan en infraestructura médica ni ofrezcan tratamientos a quienes la padecen.


Esa es la advertencia en la que coinciden los especialistas en cirugía cardiovascular César Augusto Carmelino Mayorga, originario de Perú, y el oaxaqueño Omar Abisai Saavedra Ramírez.


Entrevistados a propósito de la realización en Oaxaca del primer Angio summit (cumbre angio), expertos en insuficiencia venosa, el coautor de libros como Láser, espuma y radiofrecuencia, Carmelino Mayorga, reconoció que por no ser enfermedades “aparatosas” se resta importancia a la gravedad que a la salud de una persona representan las varices.


“De cada 100 personas una o dos tiene una úlcera en la pierna producto de la enfermedad varicosa, no les mata, pero sí los incapacita”, además de que la población no está familiarizada con las señales de alarma para identificar de manera temprana el problema.


El que un problema de varices no los mate de inmediato, la falta de recursos y la limitada presencia de angiologos o cirujanos vasculares en instituciones públicas, se conjugan para postergar la atención.



Esa dilación no impide que una insuficiencia venosa como las varices avancen lentamente y su carga se centra en un problema estético, cuando puede desencadenar en una amputación, último remedio para tratar una úlcera que puede prevaler por años.


Desestiman la enfermedad


Los alcances de la enfermedad en la población no se ven con claridad, no hay estadísticas precisas, se carecen de medicamentos y no se valora sus implicaciones laborales.


En Oaxaca los siete especialistas en cirugía vascular son insuficientes y “a pesar de que la necesidad es mucha”, Abisai Saveedra alertó del subdiagnóstico.


“El paciente no es apático, va a consulta, pero lo regresan con el médico familiar porque en las instituciones no hay ultrasonido”, y los medicamentos son escasos.



En la medida que los médicos generales conocen la patología venosa y el tratamiento inicial, la dilación podría empezar a disminuir y evitar que las personas pasen por alto que un pie o un tobillo empiece a hincharse por un problema de insuficiencia venosa, se ponga oscuro y termine en una úlcera que amerita cirugía.


El tratamiento, que la mayoría de las veces debe costearse ante un especialista privado porque se cree que es un problema estético, puede ameritar desembolsar entre 40 o 50 mil pesos si amerita cirugía.


Lo más preocupante es que una persona puede irse acostumbrando al “dolor de siempre” que le ocasionan las várices y terminar en un procedimiento quirúrgico.

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