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La ingeniosa Anís

Foto(s): Cortesía
Redacción

Parece ser que hay pocas personas en el mundo que son genuinas y permanentemente dulces en su naturaleza; Anís, una mujer de 80 años, lo es. Ella tiene templanza en su carácter y es animosa como lo comenta la mayoría de las personas que la han tratado, puesto que refieren admiración por su gentileza, “hasta con extraños”.


Desde pequeña fue una niña defensora de los animalitos como de cochinillas e insectos que veía en las hojas de hierbabuena y árboles de granadas que adornaban su gran patio. Ahí encontraba catarinas, mantis, grillos, mariposas y pollos que subían a los árboles al anochecer, los cuales habitaban en su casa o en la de los vecinos.  No le gustaba que otros niños capturaran a los animales pequeños en bolsas de plástico o jugaran con ellos para luego dejarlos en cualquier lugar; cuando eso sucedía, procuraba regresarlos a su hábitat.


Recuerda que desde los 4 años de edad, cada que podía se escapaba corriendo y a escondidas a la tienda que estaba enfrente de su casa por dulces, arriesgándose a que su padre se diera cuenta y la reprendiera. Había observado lo mal que le iba a sus hermanos cuando eran descubiertos al osar eludir las reglas establecidas y sancionados desde el regaño, hasta fuertes tirones en las orejas; lo mismo ocurría cuando se oponían a realizar las tareas encomendadas.


Anís era la mayor de seis hermanos y aunque los menores eran intrépidos y pensaba que los castigos se los ganaban, se conmovía de ellos cuando sus padres les suprimían privilegios, así que usaba su ingenio para ayudarles y no se privaran de aquellos.


Continuará 


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