SAN FELIPE JALAPA DE DÍAZ, Oaxaca.-Irma López Aurelio está harta, y no lo oculta, pero no nombra su desesperanza. Desde hace cinco años que dio a luz a Sabino, en el pasto del patio del centro de salud rural de esta comunidad indígena, sigue mendigando el derecho a la salud de ella y su familia.
Con el sello de la precariedad
La calle de Arroyo Venado, en medio de lomeríos, carece de pavimento, en vez de eso hay piedras de río que, con la lluvia, dan un efecto de riachuelos a la zona.
La falta de bardas impide saber dónde terminan las casas vecinas y en dónde empieza la de Irma y su esposo, Margarito.
En un “pedacito de tierra” que les dio su suegro Rafael Soto, la pequeña casa se alzó con tabicones que el cemento forra por fuera, pero adentro las paredes están desnudas.
Una reja de madera desgastada impide el paso, la puerta está abierta; adentro todo es oscuridad. El foco que pudiera iluminar la sala y la recámara está fundido e Irma no tiene los 25 pesos para comprar uno nuevo.
Los años pasan para Irma, su hijo Sabino y su esposo Margarito, pero las carencias siguen. FOTO: Mario Jiménez
Una hamaca al centro en vez de sillones, una silla de madera y otra de plástico. Dos mesas de madera para sostener los trastes con restos de comida que, la mayor parte del tiempo es escasa, el motor de una licuadora que no funciona y cajas de medicamentos sin orden.
Desmemoria
La puerta es su agenda, en ella ha anotado nombres y teléfonos, tanto de periodistas como visitadores de la Comisión Nacional de Derechos Humanos que han llegado hasta acá a visitarla. La cocina está en el patio, no hay estufa, sólo fogón.
Irma no ha dormido bien, pero está atenta al llamado de la puerta y al llanto de Sabino, quien descansa entre cobijas, a ras de piso, sin colchón, petate o cartón alguno.
Salvo otra mesa, en la recámara no hay muebles. Cuatro cajas de cartón sirven para guardar la ropa, el resto está en el suelo.
Un mecate atravesado de una pared a otra sirve para secar la ropa, afuera llueve y adentro hay goteras que traspasan el techo de lámina. En la parte trasera de la casa una habitación que también carece de muebles, pero donde duermen María Isabel de 9 años y Braulio de 7, quienes ahora están en la escuela primaria Frida Khalo.
Sin medicinas para Sabino
Sabino no fue al jardín de niños porque en la madrugada recayó de una infección que hace 15 días le provocó mucha fiebre. Su oído no deja de dolerle.
Mientras Irma empieza a admitir que fue mucho lo que se le prometió, pero poco lo que el ex gobernador, Gabino Cué, le cumplió. Sabino empieza a llorar, se queja quedito.
Irma abraza a su hijo Sabino, tiene una infección que no ha podido curar por la falta de medicamentos en el centro de salud. FOTO: Mario Jiménez
Irma corre a abrazarlo, le habla en su lengua mazateca, lo carga y se sienta con él en la hamaca.
Entonces Irma se vuelve débil, llora en un intento por consolar a su hijo más pequeño, quien se acurruca entre su pecho y abdomen, en una posición fetal, la delgadez de su pequeño cuerpo le da esa flexibilidad.
Atención, sin medicamento
“Empezó en la noche”, con esas palabras Irma deshilvana su angustia por la salud de su hijo. “Ya fui a la medianoche al centro de salud, me atendieron, pero nada más me dieron la receta, no tienen el medicamento”.
Para comprobar el valor de sus palabras Irma enseña la receta y la que le extendieron hace 15 días, cuando tampoco le surtieron el paracetamol en gotas que debía suministrar a Sabino.
Margarito ha ido al ayuntamiento, donde trabaja a cambio de mil 500 pesos quincenales, para ver si conseguía el fármaco. Ella carece de dinero, invierte horas en bordar una blusa de rayón que podría vender en cien pesos, pero con Sabino enfermo no puede hacer otra cosa más que cuidarlo.
No le hacen caso
Irma tiene puesto lo básico: una camiseta gris que el uso ha perforado, una falda verde, anda descalza y con el cabello recogido, sus zapatos, de plástico, sólo los usa cuando sale de casa, como ahora que aceptó volver al centro de salud, aunque bien sabe que “no me hacen caso”.
Tan pronto Irma llega con Sabino al vestíbulo del centro de salud y se pide una explicación por la falta de medicamentos, el personal reacciona a la defensiva, una patrulla de la policía municipal viene en camino y las enfermeras lanzan afirmaciones amenazantes: “¡Yo también tengo abogado que me defienda!”.
A falta de director en el lugar, un enfermero intenta mediar explicando que la atención no se le ha negado a Irma, pero termina por admitir que, si no se le entregó medicamento a su hijo, no depende del centro de salud, sino de los Servicios de Salud de Oaxaca que no surten el stock del cuadro básico.
En el suelo nació Sabino, en el suelo duerme. FOTO: Mario Jiménez
Irma quiere mostrar el lugar donde hace cinco años nació Sabino, sin la asistencia médica que solicitó cuando sintió que el trabajo de parto había iniciado, pero el personal de seguridad es tajante “¡No puede estar aquí!”, Irma decide salir, el miedo le cambia el semblante.
Fama a costa de una violación
Lo que ocurrió la mañana del 2 de octubre de 2013 Irma lo tiene claro en la memoria. Horas antes, en la medía noche le “agarró ese dolor”. A la una de la mañana su esposo fue por una partera que le sugirió fuera al centro de salud porque “el niño venía atravesado”.
Al llegar “la enfermera Juliana me dijo ¡ponte a caminar allá afuera porque todavía te falta!”. Irma recuerda que, por una campaña de vacunación, había mucha gente sentada en el patio, debajo de una palapa, así que “me hice a un lado y en un ratito nació el niño”.
La fotografía del nacimiento de Sabino, sin asistencia médica ni medidas de salubridad, la difundió el periodista de la región Eloy Pacheco López. El Grupo de Información en Reproducción Elegida (GIRE) retomó el caso.
En enero de 2014 la Comisión Nacional de Derechos humanos emitió al gobierno del estado la recomendación 1/2014, pero la atención hacia Irma y su familia no ha mejorado.
Hace apenas un año evacuó con sangre y el medicamento, como ahora que enfermó Sabino, tuvo que conseguirlo. Ella no quisiera volver al centro de salud, porque la culpan por haberse quejado, pero no hay dinero suficiente para ir con un médico particular y el hospital que hace dos sexenios empezó a construirse, está abandonado.
No hay quien en este pueblo no conozca a Irma ni su historia, una fama que la persigue.
Irma y el nacimiento de Sabino
El 2 de octubre de 2013, aproximadamente a las 7:30 horas, Irma acudió con un embarazo de 36 semanas de gestación al Centro de Salud Rural del municipio San Felipe Jalapa de Díaz, solicitó atención médica por presentar dolores de parto.
La enfermera la examinó físicamente y le informó que, por no haber médico, debía salir y regresar alrededor de las 8:00 horas, cuando ingresara el doctor del turno matutino.
Irma salió al patio del Centro de Salud donde nació Sabino, sin la asistencia de personal médico ni de enfermería y sin medidas de salubridad; luego ambos fueron ingresados al citado nosocomio, donde permanecieron alrededor de 12 horas hasta que se les dio de alta.
Por esos hechos, la Fiscalía de Delitos contra la Mujer por Razón de Género radicó el 4 de octubre de ese mismo año el legajo de investigación. Dos días después, Irma presentó querella contra la enfermera.
La Comisión Nacional inició de oficio el expediente de queja CNDH/4/2013/ 6973/Q.
El 29 de enero de 2014 la CNDH emitió la recomendación 1/2014. Se documentó que se transgredió el derecho de Irma y su recién nacido a la protección de la salud, la integridad y seguridad personal, así como el derecho a un trato digno, y que el centro de salud de Jalapa de Díaz carece de la infraestructura necesaria para la prestación apropiada de los servicios de salud.
