Para la integrante de la Fundación para la Salud Hepática FundHepa, Margarita Dehesa, cada caso de hepatitis vírica A que se presenta en Oaxaca está ligado a una pobreza “deprimente”, condiciones de hacinamiento familiar, pero principalmente a la falta de condiciones mínimas de higiene y de dieta de quien enferma.
Ante las elevadas temperaturas y brotes recientes como el detectado en Miahuatlán de Porfirio Díaz, la especialista en gastroenterología y hepatología advirtió de un indudable incremento de casos.
Por ello urgió a incrementar las medidas de higiene de una enfermedad que en la actualidad no debería representar un problema de salud: “Todo depende de mejorar las condiciones dietéticas e higiénicas de la población”.
La mayoría de la población no tiene acceso a la vacuna que previene con este tipo de hepatitis cuyos síntomas son la coloración amarilla en los ojos y evacuaciones, pero reconoció que cada persona genera su propia inmunidad una vez que la adquiere y se cura.
Diagnóstico tardío
Entrevistada vía telefónica desde la Ciudad de México, explicó que existen cinco tipos de hepatitis (A, B, C, D y E), pero en algunas las pruebas son poco accesibles y los diagnósticos tardíos.
Destacó el riesgo de contraer hepatitis tipo C y no saberlo. Los síntomas pueden tardar hasta 20 años en manifestarse, provocando de manera silenciosa daños a la salud como una fibrosis moderada, cirrosis o hasta en cáncer en el hígado.
Con la atención adecuada, un paciente con hepatitis A se cura sin problemas y adquiere inmunidad. En cambio, la hepatitis C sólo se puede curar con un tratamiento pan-genótipico que dura dos meses, sin que aún exista una estrategia clara para su prevención.
De este tipo de hepatitis lo más preocupante es que en México existen 400 mil personas que viven con este virus, ubicándolo en el segundo país de América Latina con más casos.
