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Caras vemos, mañas no sabemos

Foto(s): Cortesía
Redacción

Hace unos días tuve la oportunidad de escuchar la frase que expresó una paciente poco antes que terminara su sesión. Esto me hizo recordar una anécdota de varios años atrás, fue con un psicoanalista al cual le tenía respeto por su capacidad de trabajo y a quien consideraba inteligente por los escritos que preparaba para sus conferencias.


Mente en blanco                                


Supongo la recordé porque al igual que en esta ocasión, mi mente se encontraba en blanco. Por ese entonces se acercaba mi participación a un ciclo de conferencias que el centro psicoanalítico al cual pertenecí había organizado; tenía el tema y las directrices, pero por más que me esforcé y leí al respecto, no se me ocurría nada, o terminaba por tirar lo que escribía. Decidí comentárselo y su respuesta me dejó un tanto decepcionado.



Una frase dice más de lo que se piensa


“Tome una frase de la clínica, los pacientes sueltan algunas muy buenas”, me dijo; cuando terminó de decirla, evoqué sus anteriores trabajos, no pude recordar que en ellos hiciera mención de esta práctica, tomar frases creadas por sus pacientes. Eso es plagio, pensé, pues un acto de honradez sería darle crédito a quien le corresponde, al menos de manera anónima o por lo menos mencionar que fue aquello lo que le motivó la inspiración, pero este hombre presentaba creaciones de otros como propias.


Una vuelta de la vida afortunada


Finalmente, la vida prestó ocasión para que este hombre cambiara el consultorio por la cocina, supongo descubrió que el psicoanálisis no era lo suyo; he de confesar que el día de hoy eso me produce cierto alivio.


A raíz del trabajo que realizamos todas las noches en el seminario de clínica, mi querida colega Fausta comentó la importancia del análisis personal en el proceso de formación del psicoanalista, pues en ese tránsito -que por cierto es de varios años-, el sujeto con el auxilio de otro (el analista) se devela a sí mismo sus demonios, trampas y caprichos; dicho en otras palabras, la dinámica de su vida infantil, polimorfa y perversa.


Todo tiene un costo


Si algo nos enseña la vida desde tiempos inmemoriales, es que a cada acción corresponde una reacción, palabras utilizadas por el físico inglés Isaac Newton en su tercera ley del movimiento. Es con la dinámica de la sexualidad infantil como Sigmund Freud explicó las enfermedades nerviosas de su época; con dicha teoría se siguen explicando los padecimientos de la mujer y hombre actuales, pues no se ha logrado crear método de investigación que lo supere.


Continuará el sábado…


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