Muchos han visto a personas que cuando asisten a un centro comercial, compran de manera excesiva cualquier objeto, accesorio, prenda de ropa, entre otras cosas más. Sin embargo, cuando esta acción es de manera repetida, no es un tema para admirarse, sino preocuparse.
Hoy en día, las agresivas técnicas de marketing que van dirigidas a captar la atención de los consumidores e inducirles a comprar, pueden ser las culpables de las personas con oniomanía, que es la adicción a las compras.
La compra compulsiva consiste en el afán desmedido, incontrolado y recurrente por adquirir cosas. Las personas con esta conducta compulsiva buscan al comprar, un placer que les evada de las situaciones desagradables que se producen en su vida cotidiana; su malestar solo desaparece mientras compran.
Es cierto que algunas prácticas o hábitos de compra son problemáticos para la persona que los realiza, aunque en diferentes grados. Sin embargo, no hay aún un acuerdo en si debe considerarse un trastorno como tal, un síntoma más de otra adicción asociada o un problema secundario que es consecuencia de otra patología psicológica.
La adicción
Esta adicción es conocida como oniomanía o compulsión por las compras. Según Umberto Gallimberti, este es un “trastorno psicológico que comporta un deseo desenfrenado por comprar sin necesidad real, es frecuente en estados depresivos y genera en la persona adicta satisfacción inmediata con la que consigue borrar temporalmente problemas y dar sentido a su vida”.
El diario de un comprador compulsivo gira en torno a los centros comerciales y las marcas. Este padecimiento se presenta más en mujeres que en hombres, y suele ir acompañado de trastornos en el control de impulsos, ansiedad y otras conductas adictivas.
Causas
Entre las causas que mueven a comprar de forma desmesurada no se encuentra la necesidad, sino un descontrol de los impulsos y un pensamiento irracional que surge de una necesidad emocional, de la falta de autoestima, de un vacío o de la imposibilidad de soportar frustraciones y problemas.
La utilidad tampoco es motivo porque los adictos a las compras no estrenan sus adquisiciones, solo las acumulan en casa produciéndoles un sentimiento de culpabilidad que les mueve a volver a las tiendas, a veces a escondidas, para quitárselo y sentirse feliz.
Cuídate
En cuanto al perfil, afecta más a mujeres que a hombres, con edad que oscila entre los 30 y los 40 años, aunque el auge de las nuevas tecnologías ha originado una nueva clase formada por adolescentes cuya única forma de ocio es salir a adquirir el último videojuego que ha salido al mercado.
¿Eres uno?
La forma de detectar a los compradores compulsivos según los psicólogos, es a través de una “adicción encubierta” porque la persona no reconoce que tiene un problema y ve normal su comportamiento, ya que vive en una sociedad totalmente consumista.
Esa sensación
Cuando se compra el objeto, la persona adicta experimenta una gran excitación emocional. De hecho, cuanto mayor sea el tiempo de espera hasta que la persona se hace con el producto, más aumenta la intensidad del deseo.
Asimismo, hay otras circunstancias, como los conflictos familiares o laborales o la simple monotonía, que pueden contribuir a reforzar el comportamiento consumista para aliviar los estados desagradables como la ansiedad y la tristeza.
Compras a la vista
Insatisfacción personal. Sensación de aburrimiento o depresión. Vulnerabilidad hacia la publicidad consumista. Impulsividad, ansiedad. Bajo autoestima, desconfianza, inseguridad.
+De
La compra compulsiva es una necesidad incontrolada que si no es satisfecha genera irritabilidad a la persona. El placer de comprar se transforma en una adicción cuando se compran cosas presuntamente necesarias, y al darse cuenta que no lo son, igualmente se quieren más. El adicto compra productos a los que probablemente nunca de uso, y que en muchos casos oculta de sus familiares generando situaciones de engaños y deudas.
¿Sabías que?
Esta adicción también se la llama la enfermedad invisible. Se debe a que puede pasar desapercibida como un simple capricho o frivolidad, mientras que por el contrario, el comprador compulsivo se encuentra bajo una depresión profunda.
