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“¡Nos morimos todos!”: chofer de Uber se juega la vida para frustrar asalto

Fotografía de los presuntos ladrones que intentaron asaltar a un chofer de Uber, quienes fueron identificados a través de redes sociales.
Foto(s): Cortesía
Redacción

La cámara dentro del auto no parpadea. No tiembla. Solo graba. Y eso fue suficiente para que, en cuestión de horas, un intento de asalto cometido contra un conductor de Uber en Puebla se convirtiera en una cacería digital, una conversación nacional y, para muchos, la prueba de que la calle ya no da tregua ni siquiera a quienes trabajan manejando.

Ocurrió en la zona de Ciudad Judicial, rumbo a Ocoyucan. El viaje parecía uno más: una pareja subió al vehículo como cualquier usuario, sin levantar sospechas. Pero a los pocos minutos el ambiente cambió. En el video, que se viralizó como pólvora, se observa cómo el hombre saca un arma de fuego y un dispositivo tipo taser, mientras la mujer participa activamente en la agresión. El conductor, identificado como Jorge Emilio, fue golpeado en el rostro y sometido con descargas eléctricas mientras intentaban obligarlo a pasar al asiento trasero para tomar el control de la unidad.

La escena dura apenas unos minutos, pero en esos minutos se resume el miedo cotidiano de miles de choferes de plataforma en el país.

“¿Por qué, amigo? Les doy todo lo que tengo…”, se escucha decir al joven, suplicando, intentando negociar con lo único que tiene: su vida.

Pero la violencia siguió. Hasta que ocurrió lo inesperado.

El conductor decidió acelerar.

En el video se escucha el claxon, los gritos, el caos. Jorge Emilio pisa el acelerador hasta alcanzar cerca de 90 kilómetros por hora, según relataron familiares. Y lanza una frase que se volvió tendencia: “¡Si me van a matar, todos nos vamos a morir!”. Esa reacción, desesperada pero contundente, rompió el plan. Los agresores entraron en pánico, le pidieron que frenara y, tras una maniobra brusca, bajaron del auto para huir.

A partir de ahí, el caso dejó de ser solo un intento de asalto: se volvió una exhibición pública.

En menos de 24 horas, usuarios en redes sociales identificaron a los presuntos responsables como Brenda “N” y Jesús “N”, supuestos integrantes de una banda dedicada al robo en el sur de Puebla. El nombre de “Brenda Up” comenzó a circular en Facebook, especialmente en grupos de búsqueda de empleo y renta de departamentos, donde supuestamente tenía actividad. La presión digital fue tal que la mujer terminó por eliminar o restringir su perfil.

En el caso del hombre, vecinos de la colonia La Guadalupana lo señalaron como Jesús “N”, presunto reincidente en delitos menores.

Mientras en internet se compartían capturas de pantalla, nombres y señalamientos, las autoridades también reaccionaron. De acuerdo con reportes oficiales, personal de inteligencia de la Secretaría de Seguridad Pública (SSP) analiza al menos dos videos relacionados con el caso, mientras que la víctima ya acudió a presentar denuncia formal ante la Fiscalía correspondiente.

El episodio revive una estadística incómoda: los asaltos a conductores de plataformas en Puebla no son hechos aislados. Entre 2019 y 2024 se contabilizaron al menos 232 asaltos contra choferes de Uber y DiDi en la entidad, una cifra que revela un patrón constante de riesgo en este sector. Y no es un fenómeno exclusivo del estado: en México, el robo de autos asegurados —muchos de ellos usados como vehículos de plataforma— promedió 166 unidades diarias durante 2024, de acuerdo con reportes nacionales.

Lo que quedó grabado en Puebla no fue solo un intento de robo: fue un retrato del oficio. Conductores que trabajan solos, de noche, sin garantías reales, expuestos a usuarios falsos, rutas peligrosas y a bandas que ya conocen el método: pedir el viaje, esperar el momento, someter y controlar el volante.

Esta vez, el conductor sobrevivió. Esta vez, la historia tuvo un giro. Pero el video deja una pregunta que sigue flotando: ¿cuántos choferes no tienen cámara, no tienen suerte, no alcanzan a acelerar?

Y mientras los rostros de Brenda y Jesús circulan en redes como fichas de búsqueda improvisadas, el caso se convierte en una crónica de estos tiempos: la delincuencia se graba, se viraliza, se denuncia… y la calle sigue esperando a la siguiente víctima.

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