Agencias
En Madrid, España, el 6 de octubre de 1849 se produce el caso conocido como "el Crimen de la calle Montera", donde fueron asesinados un sastre y un desconocido. Además, dos presuntos homicidas fueron ejecutados al ser acusados de estos crímenes, sin existir prueba alguna.
La calle Montera es en la actualidad mucho más tranquila de lo que algún día fue. Esta calle que va desde la Puerta del Sol hasta la Gran Vía se ha convertido hoy en una calle peatonal que la gente disfruta recorriendo o sentándose en alguna de las muchas terrazas que alberga.
Eso sí, esta calle no es sólo famosa por haber sido durante décadas emblema de la prostitución madrileña. En sus edificios ha habido tragedias que han pasado a la historia, como el incendio de los Almacenes Arias, pero el más conocido es el que se produjo en la calle Montera.
La noche del 6 de octubre de 1849, aparecieron en el edificio número 56 de la calle Montera los cadáveres de dos hombres. El sastre José Lafuente, que yacía en su cama y con signos de haber sido ahogado, fue uno de ellos. Del otro nunca se conoció su identidad, sólo la forma en la que fue asesinado. Fue arrojado por la ventana de un segundo piso.
De ambos homicidios fueron acusados la criada Clara Marina y su hermano Antonio. Los dos estaban en el sitio aquella noche y, cuando el juez se presentó a tomarles declaración, se encontraban ensangrentados. Así, las autoridades sólo tardaron 25 días en ejecutarlos sin muchas pruebas.
Esto se produjo debido a que la opinión pública se puso enseguida en contra de los hermanos Marina.
Los periódicos recogieron esta indignación y la defensa de los acusados apenas tuvo intervención pese a que las pruebas no eran ni reales ni suficientes.
Todo el mundo creyó que el otro fallecido era amante de Clara, que ésta mujer quería casarse con su patrón pero, al ser rechazada, decidió robar y matar al sastre José Lafuente con la ayuda de su hermano y su querido, al que asesinaron por diferencias con el reparto del botín.
La noche del crimen
Corrían las once de la noche del 6 de octubre de 1849, cuando en la calle Montera se escuchó el grito de "¡¡Ladrones, ladrones!!!"
Como es de esperar lógicamente el sereno más próximo corrió raudo hasta el lugar del griterío, momento en el cual pudo observar junto con la propietaria de un negocio de loza colindante a la casa, como desde el número 56/58 un cuerpo caía desde la ventana del segundo piso.
Rápidamente el sereno con la colaboración de otros compañeros suyos que ya habían llegado a la zona subieron escaleras arriba y comenzaron a golpear la puerta para que les dieran acceso a la vivienda.
Casi un cuarto de hora después les abrieron la puerta los hermanos Clara y Antonio Marina que rápidamente fueron detenidos, al descubrir que el cuerpo de otro hombre se encontraba tendido sobre el suelo con signos de haber sido asesinado con violencia.
Esa misma noche el juez de instrucción se apersonó en el piso para recoger pruebas de lo acontecido, dentro lógicamente de lo limitado de los medios de la época.
La fugaz investigación
Tras un rápido reconocimiento de la vivienda, el juez tomó declaración a los testigos, los cuales por separado declararon que Clara la mujer servía en la casa del sastre fallecido y que su hermano Antonio solía acompañarla cuando su patrón no se encontraba en la casa, con permiso de éste.
Que al llamar su patrón, José Lafuente, sastre de profesión a la puerta, Clara acudió rauda a abrirle como era costumbre y que en ese preciso momento dos hombres entraron en la casa empujando al sastre e hiriéndole con el cuchillo que uno de ellos llevaba en la mano.
El otro hombre redujo a ambos hermanos y los llevó a otra sala dejándoles allí atados para que no estorbaran.
Los hermanos ya no pudieron ver nada más, hasta que escucharon los golpes de los serenos en la puerta, momento en el que intentaron librarse de sus ligaduras para dar acceso a la vivienda a los serenos que continuaban golpeando la puerta con insistencia.
Y sin poder concretar quién era el otro hombre que había caído por la ventana, ya que se encontraban atados en otra habitación, concluyeron su rápido interrogatorio.
La versión de los periódicos
Al día siguiente los periódicos de la época, que parecían tener poderes de adivinación, ya publicaron los supuestos hechos ocurridos con todo lujo de detalles.
Según los diarios, el hombre caído por la ventana era el amante de Clara, la cual se quería casar con su patrón el sastre, pero que al enterarse de las intenciones de éste de casarse con otra, tramó un plan para robarle y matarle con la colaboración de su hermano y de su amante que loco de amor hubiera sido capaz de cualquier cosa por el amor de Clara. Que posteriormente una desavenencia con el reparto del botín llevó al hermano de Clara a estrangular al amante y a arrojarle por la ventana.
Aunque la historia de los periódicos tenía tantas posibilidades de ser cierta como que no, el caso es que a la mañana siguiente ya todo Madrid la había dado por cierta y sentenciada.
Ejecutan a hermanos sin pruebas
Cuatro días después el juzgado sin más pruebas de las indicadas y sin haberse hallado botín alguno en posesión de los hermanos ni escondido en alguna parte de la casa, se inició el juicio contra los dos hermanos.
Lamentablemente fueron condenados sin pruebas fehacientes que dejaran claro qué había ocurrido y el último día del mismo mes, fueron ajusticiados ambos a garrote vil en la Puerta Toledo para escarnio y deleite de la población que con solo lo leído en los diarios ya había sentenciado a los hermanos sin el más mínimo miramiento.
No será fácil decir si los hermanos fueron culpables, estuvieron implicados o tan solo fueron utilizados para calmar la sed de venganza de la población, pero cuando menos parece evidente que por muy limitados que fueran los medios de investigación de la época, la ejecución se llevó con demasiada premura.
