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Reconstruir corazones, piden sacerdotes de Oaxaca

Foto(s): Cortesía
Octavio Vélez Ascencio

A seis meses del terremoto del 7 de septiembre del 2017, los sacerdotes de la Diócesis de Santo Domingo Tehuantepec se dieron una pausa en el duelo y el trabajo, para hacer oración y ponerse frente a la presencia del Señor, durante una semana de ejercicios espirituales.


“Como también nosotros salimos, de una u otra forma, quisimos dejarnos consolar por Dios para poder dar consuelo y llevar el mensaje de esperanza a cada persona que encontramos y que vienen a nuestro encuentro”, afirmó el vocero de esa sede eclesiástica, José de Jesús Gutiérrez.


El también párroco de la Sagrada Familia, ubicada en el puerto de Salina Cruz, expuso que los presbíteros aún en duelo personal y comunitario, porque el terremoto de 8.2 grados hirió el corazón de muchas personas, fueron guiados espiritualmente por el obispo de la Prelatura de Huautla de Jiménez, José Armando Álvarez, para reforzar su proyecto y misión específica en la Iglesia Católica.


Pues, “anunciamos un mensaje que no es nuestro, pero que tenemos que interiorizar y hacerlo nuestro para llevarlo a los demás en un testimonio coherente de vida que le dé sentido a lo que decimos y hacemos”, asentó.


Explicó que los sacerdotes reflexionaron sobre la acción de Dios en la vida del pueblo de Israel, pues a pesar de su exilio y sufrir las consecuencias de su rebeldía y su desobediencia, les dio profetas de esperanza para llevar consuelo y luz y de esta manera, volver al amor primero.


“Así nosotros como diócesis de Tehuantepec tenemos que revisar y encontrar una conversión personal y comunitaria para ver lo que significa hallar en ruinas tantas cosas que necesitan de nosotros, una respuesta desde la fe”, apuntó.


Destacó que no solamente se necesita la reconstrucción de los edificios, sino también de los corazones y de las relaciones personales, y así la fraternidad sacerdotal y comunitaria vuelva nuestros corazones a Dios.


Resaltó que los sacerdotes, después de los días de oración y reflexión, regresaron a sus comunidades a vivir la Pascua del Señor con la seguridad de que Dios siempre tiene una respuesta a sus preguntas y conduce a lugar y momentos de misericordia y de paz.


“Aún estamos en duelo, no ha pasado todo el dolor porque el trabajo aún continua, por eso hay que continuar cada uno con su crecimiento espiritual. Seguimos con esperanza”, apuntó.

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