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El Papa convocó al Instrumentum Laboris para octubre

Foto(s): Cortesía
Octavio Vélez Ascencio

El documento Instrumentum Laboris del Sínodo Panamazónico convocado por el Papa Francisco, para octubre próximo en El Vaticano, recoge los planteamientos más significativos de la lucha largamente desoída y negada en la sociedad y en la Iglesia, afirmó el sacerdote Eleazar López Hernández, un indígena zapoteco del Istmo de Tehuantepec, miembro del equipo pastoral del Centro Nacional de Ayuda a las Misiones Indígenas (Cenami).


“Quienes somos miembros de los pueblos originarios de este continente y sus acompañantes pastorales, sentimos el corazón lleno de alegría y esperanza”, asentó.


El presbítero, principal impulsor de la Teología India en América, quien acudirá a esa asamblea de obispos, sostuvo que el Instrumentum Laboris (herramienta de trabajo), como sucedió con el indio Juan Diego hace 500 años, al encontrarse con la Virgen de Guadalupe en medio de la destrucción del mundo prehispánico, por causa de la conquista material y espiritual, es un tiempo de gracia o de Kairós para seguir soñando sobre la posibilidad de llevar a la realidad los ideales de Dios y Jesucristo, para tener vida en abundancia.


“Por eso, con esperanza constatamos que en medio de la terrible crisis ecológica y humana actual, la sabiduría ancestral del Continente puede ser la luz que ilumine el camino para la superación radical de esta crisis”, asentó.



Los indígenas en general –anotó–, especialmente los amazónicos, “somos actualmente los más pobres de entre los pobres, porque en los últimos 500 años hemos sido sistemáticamente empujados a la extinción y reducidos a nuestra mínima expresión o abandonados y echados fuera del conjunto de la sociedad como población descartada”.


Sin embargo, subrayó que los indígenas han resistido a contracorriente las dinámicas agresivas de las sociedades nacionales e incluso de las acciones inadecuadas de la propia Iglesia Católica, ante las contrariedades encontradas de parte de quienes no comprenden, no valoran o no quieren aceptar su palabra.


“Como Juan Diego nos hemos atrevido a entrar a algunos ámbitos eclesiásticos donde no andamos ni paramos, donde hay personas que nos dificultan el acceso para llegar hasta el Señor de los sacerdotes o buscan de plano destruir o arrebatar nuestras flores”, indicó.


De esta manera, destacó que los indígenas y acompañantes solidarios reconocen como una tarea nada fácil establecer el diálogo intraeclesial, cuando hay posiciones teológico-pastorales totalmente opuestas, las de quienes desean asumir en serio la sabiduría más antigua de este continente y las de quienes tienen reservas y miedo a incorporarla por los desafíos e implicaciones.


“Pero no existen muchas alternativas ante la crisis, o nos convertimos y cambiamos radicalmente nuestra relación con la tierra, implementando al modo indígena modelos de vida sobria y en armonía con los demás seres vivos, o las posibilidades de vida en el planeta se irán disminuyendo más y más hasta llegar al colapso”, asentó.


Por esto, López Hernández dijo que en las selvas y cerros sagrados, los indígenas han cosechado flores o verdades fundamentales para la vida y las han compartido en la Iglesia para reconstruir y defender en la tierra, la Casa de Dios, como hermanos y junto con toda la humanidad.


“Cuando el Señor de los sacerdotes y sus colaboradores reciban las flores del pobre con humildad y respeto, el rostro maternal de Dios aparecerá de nueva cuenta y nos dirá: no temas esta enfermedad ni ninguna otra, no estoy yo aquí que soy tu Madre”, finalizó.

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