Teotitlán de Flores Magón.- Es lunes, son cerca de la siete de la noche. Una ligera lluvia cae sobre Alberto Sosa Rojas cuando daba mantenimiento a su auto compacto estacionado en la acera de su casa, con él están su esposa, su abuelo y uno de sus tíos; prepara el auto para un viaje al día siguiente, planea ir a la sierra para visitar a su familia.
En segundos, la lluvia se vuelve intensa, acompañada por una fuerte granizada, se refugian en el vehículo para no mojarse y evitar los golpes de las bolas de hielo que caen del cielo. Alberto decide salir del auto e ingresar a su casa.
Paralelamente, unos metros arriba, los arroyos que se confluyen de diferentes partes del cerro van tomando fuerza, su caudal crece y convergen para formar una sola e incontenible corriente de agua. Al descender del auto, Alberto siente cómo sus pies se hunden en la arena que antes no estaba ahí, no se alarma, no había razones aún.
Los restos del automóvil rescatado. FOTO: Mario Jiménez Leyva
De acuerdo con los vecinos, desde hace 30 años nadie recuerda una lluvia tan intensa ni una tragedia tan dolorosa como la del lunes.
Al llegar a la puerta de su casa, se da cuenta que el peligro es mucho mayor, grita a sus familiares que salgan del vehículo pero no le escuchan por la intensidad del granizo y de la lluvia. Su hija, Yésica Noemí Hernández García, observa la escena desde la ventana de uno de los cuartos que da a la calle: “Mi mamá no quería salir, no sé porqué”; en realidad no escuchaba. De pronto, el agua bajó con gran fuerza y arrasó con todo lo que estaba en el barranco, donde en las orillas están construidas decenas de casas.
En un instante arrastró el vehículo compacto, llevándose atrapada a Roberta García Atanasio, esposa de Alberto. Dentro del coche también iba su abuelo Flaviano Atanasio Contreras y su tío Rigoberto Atanasio Hernández.
Un alud de lodo y agua arrastra una camioneta que derrumba una casa de adobe y lámina. Los dos pequeños cuartos y una cocina se desploman. Vicente García, un campesino sin tierras que trabaja de vez en cuando en la propiedad de otros, su esposa y sus cinco hijos vieron cómo la lluvia les arrebató todo en un suspiro.
La desesperación desmorona el ánimo de Alberto que desde la puerta de su casa observa su auto que gira y golpea el talud del cerro, enseguida cae al río Arboledas. Rigoberto, su tío, escapa por el parabrisas y a rastras saca a su padre. Fue el último en ver a Roberta, cuando intentó regresar para rescatarla ya no estaba.
El automóvil, luego de bajar dando tumbos, terminó en una hondonada. FOTO: Mario Jiménez Leyva
En medio de la tormenta, Alberto tomó un pico y escarbó inútilmente intentando mover toneladas de tierra para encontrar a su esposa, pero de ella no quedó ni rastro.
Sus vecinos se acercaron, vieron la desgarradora escena y ayudaron en la buscarla pero de nuevo, nada.
El desazón se posa en el pecho de la familia de Roberta, hay dudas en sus pensamientos, nadie entiende cómo sucedió todo si la tormenta sólo duró media hora.
La policía municipal montó un operativo para conocer las afectaciones de la lluvia y granizada. Han pasado más de 20 horas y aún no la encuentran.
La tormenta
De acuerdo con los reportes oficiales, una tormenta intensa de “origen conectivo causado por un canal de baja presión que combinado con altas temperaturas”, ocasionó la caída de una lluvia y granizo en el municipio de Teotitlán de Flores Magón.
La Coordinación de Protección Civil Estatal de Oaxaca informó que dos casas fueron totalmente destruidas en la colonia Arboledas, y otra veintena de viviendas sufrieron daños materiales; mientras que en la colonia Hidalgo, 40 viviendas resultaron con daños materiales. Una niña de siete años resultó con lesiones. En tanto, se instaló un albergue en el palacio municipal.
Vicente García llegó a su casa de después de una larga jornada de trabajo en los campos agrícolas donde trabaja de peón. El cansancio lo hizo caer rendido en su cama. Afuera se fraguaba el desastre, uno de sus hijos tuvo que echarle agua en la cara para despertarlo, obnubilado y soñoliento salió de su casa: el agua ya llegaba a medio metro dentro de su vivienda construida con adobe y láminas. “Está vibrando mi corazón, me espanté”, dice mientras relata y recuerda.
En cuestión de minutos el caudal arrastra la camioneta de sus vecinos que pasa por encima de su casa y la destruye. “Se llevó todo, mis papeles, mis zapatos, mis ropas”, cuenta al mismo tiempo que señala el lugar donde antes se encontraba su hogar donde vivía con sus cinco hijos y su esposa.
“Ahora dicen que nos van a reubicar. No sé a dónde. Ahorita mi familia está en el albergue. Hace falta comida para los chamacos. El agua también se llevó la mitad de mis chivos, tenía ocho”.
Se lleva también a los animales
Bartola está muerta. Yace aún amarrada del cuello y atada al tronco de un árbol. FOTO: Mario Jiménez Leyva
Bartola está muerta. Yace aún amarrada del cuello y atada al tronco de un árbol. Era la burrita de Octaviano García García, la que le ayudaba a él y a su familia a acarrear la leña.
La crecida del río que desembocó por el barranco de acceso a la colonia Arboledas, también se llevó sus animales de ganado, sus chivos y a algunos perros.
Juan Flores, hija de Octaviano, explica que el agua también se llevó la mitad de su casa. “Perdí dos cuartos, la cocina. Desde que vivimos aquí hace 26 años no había pasado algo como esto, ni siquiera es temporada de lluvias y otras veces que llueve por mucho más tiempo, el agua apenas pasa por aquí”.
Al igual que a Vicente García, las autoridades municipales se comprometieron a reubicarlos: “si ya hablaron, lo tienen que cumplir”, apunta Juana, quien trabaja en el ayuntamiento de Teotitlán como parte del personal de limpieza.
Continúan labores de búsqueda
Dos casas destruidas y 20 afectadas, el saldo oficial. FOTO: Mario Jiménez Leyva
Son más de la cuatro de la tarde del martes y la tragedia aún no termina. Los vecinos se organizaron y realizan trabajos de búsqueda porque Roberta García aún no aparece. Para su tío Rigoberto es imposible asimilar lo que sucedió, él fue el último en ver a su sobrina con vida. Se acercan a él y lo llenan de preguntas para saber dónde buscarla pero el hombre se muestra incómodo y furibundo ante los cuestionamientos, murmura, aprieta los dientes y cierra los ojos, pero su memoria lo traiciona, nada recuerda de aquel momento traumático salvo que, cuando la vio, estaba aún en el auto que ya había caído en el río.
Los hombres descansan unos minutos, otros vecinos llevan refresco, agua y comida. Se preparan para continuar la búsqueda. Para ello, se han dispuesto a recorrer a pie más de ocho kilómetros de río convertido en un indescifrable laberinto donde en uno de sus recovecos esconde a Roberta.
Es martes y son cerca de las cinco de la tarde. La lluvia vuelve a aparecer, cae ligeramente acompañada por momentos con fuertes vientos; arriba, en los cerros es más intensa, puede verse a distancia: “cae bruto”, dice una de las personas que se ha sumado a las labores de búsqueda de Roberta.
El caudal y la corriente del río, por donde avanza la brigada, aumenta drásticamente. Las autoridades de protección civil deciden cancelar la búsqueda por ahora, continuarán mañana, para evitar otra tragedia.
