La disminución del consumo de 19 kilos anuales por persona de leguminosas como el frijol a sólo 9 kilos, repercute en los hábitos de consumo, pero en Oaxaca ha impactado en la siembra, comercialización y salud del productor.
Para revertir esas cifras, el Hub Pacífico Sur del Centro Internacional de Mejoramiento de Maíz y Trigo (Cimmyt) trabaja con investigadores y organizaciones productoras para implementar vitrinas o parcelas demostrativas que devuelvan la confianza del productor en la siembra del chícharo, el haba o el fríjol, que además son de corto ciclo y resienten menos los efectos del cambio climático como la sequía.
“La sequía en Oaxaca ha estado fuerte. Si en el maíz no les va bien, las leguminosas son de los cultivos opcionales porque requieren menos agua”, aseguró el gerente del Hub Pacífico Sur, Jaime Leal González.
Requieren menos agua
Un ejemplo es que la lenteja requiere 110 milímetros de agua por ciclo cuando el maíz requiere de una precipitación de 450 a 600 milímetros, un producto que se cultiva poco en México y el que se consume suele ser de exportación.
Javier Cabrera Jiménez, de la organización Gabino Lozano que trabaja con alrededor de 150 productores en la región de la Mixteca, está a cargo de las labores en tres “vitrinas” o parcelas demostrativas de pequeñas superficies en las que siembran cinco cultivos: arveja, chícharo, lenteja, haba y garbanzo.
La primera vitrina se sembró en Ojo de Agua, Santo Domingo Nuxaá el 17 de febrero y se cosechó el 17 de julio, por lo que están en el análisis de datos.
A pesar de que se sembró en un período de otoño invierno, donde hay poca agua, como el clima es frío, nos pudimos dar cuenta que son cultivos resistentes a esa temperatura”, precisó Cabrera.
Aún analizan cuestiones de rendimiento porque están en el proceso de secado que dura 30 o 20 días y se ha retrasado por cuestiones de lluvia de productos que representan una “alternativas para que se use todo el año la parcela y evitar la erosión de suelos”.
En otra parcela de un cuarto de hectárea, en la agencia El Oro de Santo Domingo Nuxaá, las leguminosas se sembraron el 9 de julio y se cosechan a finales de noviembre.
Analizan rendimiento
Leodegario Osorio Alcalá, investigador del Instituto Nacional de Investigaciones Forestales, Agrícolas y Pecuarias (Inifap), también alistó una vitrina en dos mil metros cuadrados del centro experimental de Santo Domingo Yanhuitlán.
“Se sembró en febrero y se empezó a cosechar el chícharo a los tres meses y lo más tardío el frijol y garbanzo a finales de junio”, recordó.
A pesar de la sequía, “no hubo pérdida”. Como “testigo” se sembró maíz en otros 500 metros cuadrados de maíz. Cuando estaban cosechando el chiíharo fresco, “el maíz apenas estaba floreando”.
Sembrar año con año maíz o trigo “ha traído ciertos problemas de fertilidad por no optar por la rotación con leguminosas que pueden ayudar, de manera natural a reestablecer esa fertilidad”, sobre todo en los climas adversos que se presentan por los efectos del cambio climático.
Así, “en menos tiempo el productor puede obtener cosecha, mucho antes del maíz que tarda seis meses en promedio, cuando el chícharo se cosecha en tres meses y en ese tiempo puede generar ingresos o consumir producto fresco”.
