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Sequías devastan la producción agrícola en campo oaxaqueño

Foto(s): Cortesía
Nadia Altamirano Díaz

Con o sin pandemia de COVID-19, quienes hacen producir el campo se enfrentan a una devastación de la producción agrícola por la escasez de agua y el incremento de las temperaturas por la crisis de cambio climático.


“Con estos calores tan fuertes la siembra necesita más agua, pero ya no hay”, expresa Antonio Chávez Jiménez, un campesino de 73 años que aprendió a caminar entre surcos de maíz, el olor de estiércol de vaca y el sabor del queso fresco.


Junto con otros tres campesinos de Magdalena Apasco, Etla, en donde se acumularon seis casos de pacientes con coronavirus -la cifra más alta hasta hace unos días en Valles Centrales-, Antonio se animó a experimentar con plantaciones distintas.


“Descansar la tierra”


Tan luego empezó a correr el mes de febrero, Antonio dejó que el ingeniero Carlos Barragán García, colaborador del Centro Internacional de Mejoramiento de Maíz y Trigo (Cimmyt), convirtiera sus dos hectáreas de terreno en un campo de experimentación agrícola que terminó de sembrar en marzo.


En vez de sembrar únicamente maíz, que a falta de agua puede significar pérdidas, dejó que se intercalaran diversas variedades de frijol y sorgo, con unas cuantas matas de girasol que buscan descompactar un suelo que se volvió duro de tanto pasarle encima el tractor.


75 días después, tiempo en que aplicó cinco riegos, la diferencia en el crecimiento y rendimiento de cultivos es notoria. Mientras el maíz requerirá otros 45 días, el sorgo ya se empezará a cortar y con más riego puede dar otra cosecha.


La mayor parte de la cosecha será para autoconsumo. En especial el sorgo servirá para que Antonio alimente a las siete vacas que por las tardes le dan entre 40 y 60 litros de leche para que su esposa Antonia Santiago Díaz, de 64 años, elabore unos 35 quesos que comercializa entre la misma población.


Aún con los buenos resultados, Antonio es modesto y aclara: “Ahorita se nos hizo tarde porque hay poca agua, regamos día y noche porque con estos calores muy pronto se va la humedad”, dice con la sabiduría de que la tierra se cansa de que en dos ciclos del año se le siembre lo mismo.


El cuerpo de Antonio también está cansado. Su caminar lo apoya en un bastón, pero no deja de ir al campo tan temprano como puede, más ahora que se desazolva el pozo del que intentan extraer agua para riego 14 metros abajo.


Para él, el campo no tiene seguridad en la cosecha, “en este tiempo puede caer una granizada y se acaba”, dice consciente de que la labor de un campesino equivale a un albur, una metáfora que utiliza para referirse al riesgo constante.


“Mientras el maíz se cosecha a los 120 días, el sorgo se puede cortar a los 75 días y los productores ahorran entre un 30 a 40 por ciento de agua. Falta estimar el rendimiento, cortar y pesar cada tipo de cultivo”, explica Carlos Barragán.


Con la siembra de girasoles, el colaborador del Cimmyt puso en el mapa de la innovación agrícola a Magdalena Apasco. Él proporcionó a Jorge Pérez y otros campesinos la semilla de girasol que el año pasado atrajo a cientos de visitantes.


Garantizar la semilla


Al ser un cultivo originario de África, “resiste muy bien la sequía”, pero para evitar experimentar con semillas de importación que después se vuelven difíciles de conseguir, invitó a Tomás López López, una tienda de forrajes e insumos para el ganado en San Sebastián, Etla, a sumarse.


“Es dar la semilla para prueba. Una vinculación para que si los productores ven un cultivo que les guste sepan dónde conseguirla”, explica.


Cuando en febrero empezaron a sembrar con cultivos intercalados, Carlos Barragán tenía la idea de hacer lo mismo en cinco municipios del Valle de Etla, para tener datos de cómo se comportan los cultivos, pero la contingencia por COVID-19 lo impidió.


Si antes de la pandemia la agricultura no era negocio y tenía que complementarse con otras actividades como la albañilería o la ganadería, “ahora que muchos trabajos se pararon por la contingencia” el trabajo en el campo puede ser un refugio.


“Por eso estamos viendo alternativas como el sorgo y el frijol que les puede incrementar sus ingresos o ser de gran ayuda si tienen animales”, pero con pandemia o sin ella, el panorama es cada vez más complicado: hace más calor y llueve menos”.


Con esos malos pronósticos, la única alternativa posibles es la de “mejorar los suelos implementando cultivos que soporten la sequía”, evitando que la gente del campo se decepcione de sembrar porque el tiempo de acerca se acerca y la contingencia sanitaria está golpeando la economía.

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