"Es un sueño que yo tenía desde niño, sentirme héroe", recuerda Jeycko Pérez, quien ingresó a las filas de la Policía Estatal a los 18 años. Afirma que ama su labor, aunque no pueda estar con su familia en días especiales como los cumpleaños, y 25 o 31 de diciembre.
"Trabajas las 24 horas y, si son salidas trabajas 30 días por 7 de descanso"; lamenta la ausencia de garantías laborales y de seguridad para sus compañeros.
"No se nos paga por desempeñar un trabajo, por las horas de servicio o patrullajes, se nos paga por la vida que podemos perder en cualquier momento. Ahora mismo tengo un compañero en el hospital que está luchando por salvar su pierna, y hace un año falleció un amigo mío en Nochixtlán. Como policías estamos limitados a exigir justicia a nuestro favor".
Funcionarios, responsables
A pesar de los riesgos y la importancia de su desempeño, gran parte de la ciudadanía desaprueba a los elementos de Seguridad Pública, sin embargo Jeycko no se incomoda por ello, sino deplora que son los gobernantes los responsables de esta brecha.
"No es un gusto ir a enfrentarte con manifestantes, no es un gusto ir a los pueblos a solucionar conflictos, cargar el tolete y el escudo e intentar calmarlos, pero nuestros representantes no han tenido la capacidad de solucionar los conflictos mediante el diálogo y se lavan las manos metiendo a la policía. " asegura.
La rebelión
En el 2015, y con tan sólo 23 años, Jeyko encabezó un movimiento de policías estatales que exigieron mejores condiciones laborales. Rememora que fueron las constantes humilaciones y el exceso de trabajo lo que los unió, logrando la destitución de algunos mandos, la dotación de uniformes y aumento salarial.
"La lucha nació del cansancio. Yo no tuve la intención de hacer un paro ni desprestigiar a la institución, yo no escogí ser el líder pero cuando vi, mi voz era la de mis compañeros" recuerda y también confiesa que el miedo no estaba ausente.
Con melancolía, Jeycko revive la madrugada en que elementos de la Policía Federal intentaron desalojarlos del cuartel con la orden de que se trataba de elementos municipales armados y relacionados con la delincuencia organizada.
"En su momento sentí molestia, compartimos el uniforme, el mismo escudo en el brazo derecho y la misma estrella en la gorra pero más tarde comprendí, ellos sólo tenían la orden y tenían que cumplirla porque representaba su trabajo, su disciplina, esfuerzo y familia."
Jeycko asegura que entre los ciudadanos y los policías no hay gran diferencia, pues los primeros cuidan a sus hijos, a su esposa y a sus familias mientras los segundos descuidan a la familia propia por también resguardar la de ellos.
"Nosotros elegimos ser policías pero pedimos que por lo menos un día hablen bien de nuestro trabajo, queremos sentir lo que ustedes sienten celebrando una fecha especial." pide.
