NEJAPA DE MADERO, Yautepec, Oax.-Como si a nadie importara que vivieron, mucho menos que murieron, en ninguna institución oficial confirman saber de ellos. Son María Reyes y su pareja, Francisco Pérez Miguel, quienes murieron el 7 de septiembre pasado, tras caer la casa como resultado del sismo de 8.2 grados.
Muertos el 7S
50 en total
49 en la región del Istmo de Tehuantepec
1 en la Mixteca
26 mil 949 viviendas catalogó Sedatu como daño total.
Ambos no aparecen en la lista de 50 muertos que el Instituto de Servicios Periciales reportó por ese primer movimiento telúrico que desató una serie de terremotos a lo largo de todo septiembre y que acarreraron duelo y desventura, principalmente a la región del Istmo de Tehuantepec.
En este municipio, donde se conjuntas los límites de la Sierra Sur y el Istmo de Tehuantepec, el aire casi siempre sopla caliente, sólo la sombra de los árboles integran un escudo, como el de chicozapotes desde donde se puede ver la pequeña casa de Francisco reducida a nada, sólo con el piso con algo de cemento, donde su familia cimentó la esperanza de que el hogar sería reconstruido.
Así era en vida Francisco Pérez, un muerto por el sismo cuyo fallecimiento ni siquiera ha sido considerado por estadísticas del gobierno.
Un folio, para el recuerdo
En una pared de tabicón, desnuda de cemento, sin acabados, Aurora Pérez Ruiz, hija de Francisco Pérez, muestra el testimonio de la burla oficial: un folio dibujado con pintura negra de aerosol: 034/00001.
El mismo folio está escrito también en media hoja de una copia simple, requisitada con tinta negra y los datos mínimos, sin sello ni rúbrica alguna de quien expidió el documento, el 16 de septiembre pasado, para no volver.
Un papel, una promesa, es todo lo que recibieron de las autoridades. FOTO: Emilio Morales Pacheco
Con el efecto de una fotocopia, en el recibo se observan los logos del Gobierno de Oaxaca y la Secretaría de Desarrollo Territorial y Urbno (Sedatu). Aurora lo muestra y recuerda lo que no es nuevo en este poblado: las falsas promesas de autoridades que aseguran que volverán.
Han transcurrido siete meses del terremoto. La humildad en la vida se nota en la ropa y se reafirma en la forma de hablar de Aurora, despojada de coraje, inundada de decepción. Con voz parsimoniosa empieza a mostrar una casa que convirtieron en un descampado, apurados por la promesa de que sería reconstruída.
Los brigadistas de Sedatu acudieron a 25 mil 433 casas
Recursos entregados a través de Bansefi:
3 mil 688 millones 516 mil 50 pesos
41 municipios afectados
Nada de nada
Es una pequeña plancha de cemento, rodeada de un piso de tierra y algo de vegetación, Aurora recuerda la medianoche de ese jueves 7 de septiembre, cuando la tierra había dejado de moverse, no había luz, pero su única preocupación era ver que su padre y la pareja de él estuvieran bien.
“Cuando paró tantito el temblor, no encontré ni la puerta, se fue la luz al instante, con una lámpara alumbró mi hija, que venía tras de mí”, sus palabras se suavizan, el tono es más bajo, contiene el dolor junto con la voz.
El recuerdo es doloroso. Vio la pequeña casa sin una pared de pie, “todo”, incluìdo el techo, “estaba hacia adentro”. Su reacción instantánea fue empezar a gritar, pedir ayuda, pero no había nada que hacer para salvar a María Reyes, “la señora murió al instante”.
“Ya estaba todo caído, ellos quedaron abajo”, recuerda con un dolor dominado por la tranquilidad de los meses. A Francisco, el padre de Aurora, todavía alcanzaron a llevarlo al hospital de esta población, “pero llegando ahí su vida acabó, al ratito falleció, ya no se pudo hacer nada”.
Las ruinas de una casa que ninguna autoridad reconoce ni mira.
Esa nada es igual a lo que han hecho las autoridades: “No hemos visto nada de apoyo, por lo menos de la vida de mi papá”.
Detrás de los árboles en el traspatio, el escombro está acumulado. Ahí fue llevado por conocidos y otras personas de la población para liberar un pequeño cuarto donde se velaría Francisco y se llevarían a cabo sus rezos.
“Tuvimos que meter la máquina para tender a mi papá en ese cuartito”, el mismo que está marcado con un folio que quedó sin efecto.
“Vinieron las autoridades del Gobierno Federal, pero no vemos apoyo alguno y ya cuánto tiempo pasó”, se dice con asombro y la queja es reiterada.
Sin alivio al dolor, ni a la pobreza
“Quedaron muy formal que iban a reinstalar la casita de mi papá, pero no, no se ha visto apoyo de la autoridad, no tienen interés”, repite con decepción Aurora.
Aunque no con la misma gravedad, en esta población hay al menos diez casas que resintieron los efectos del sismo, pero “hubo una junta en el pueblo, creo que ya quedó olvidado, según en 15 dìas venìan a reponer la casita que había tumbado el temblor, ahora ni nos han llamado”.
Una casa derruida que no tiene para cuándo ser puesta en pie. FOTO: Emilio Morales Pacheco
Aurora no encuentra justificación para que no hayan llegado a la casa número 57, a un costado de la carretera que comunica al centro de la población, y no ha encontrado a alguien que espera aún la ayuda oficial. Ella vive en la casa de a lado.
Lo que no ha habido es disposición de las autoridades para ingresarlos una estadística que enlista el luto que dejó el sismo del 7 de septiembre pasado. Tampoco ha existido interés alguno para aliviar en algo su dolor, mucho menos su pobreza.
