La madera amazónica vendida por un exportador brasileño supuestamente implicado en la masacre de nueve campesinos este año se comercializa sin impedimentos en todo el mundo, alertó este martes Greenpeace.
La ONG ambientalista denuncia que la compra de esos productos en países tan remotos como Japón o Estados Unidos ilustra la falta de control en la industria maderera brasileña, que está devastando la mayor selva virgen del planeta.
En su informe "Madera manchada de sangre - Violencia rural y robo de madera en la Amazonía", Greenpeace verificó envíos continuos y a gran escala de Madeireira Cedroarana en los meses que siguieron a la "masacre de Colniza", como fue conocido el caso, el pasado 19 de abril.
La policía acusó al dueño de la empresa, Valdelir João de Souza, de haber enviado a un grupo de exterminio conocido como "Los Encapuchados" para atacar a campesinos pobres en el camino de la explotación maderera en una área rica en especies de alto valor ambiental, en el estado de Mato Grosso (centro-oeste).
Las víctimas fueron torturadas y asesinadas a tiros o a cuchillazos; al menos una de ellas fue encontrada maniatada. De Souza fue inculpado, pero actualmente se halla prófugo.
A pesar del escándalo, las madereras de De Souza "siguen funcionando a pleno vapor, como Greenpeace pudo constatar durante un viaje de campo en julio de 2017", remarca el informe.
La organización ambientalista asegura que empresas en Estados Unidos, Holanda y Francia fueron las mayores importadoras de Cedroarana el año pasado. Pero sus clientes también estaban en Bélgica, Canadá, Dinamarca, Alemania, Italia y Japón, según datos comerciales recopilados en el informe.
"El día en el que hubo la matanza en Colniza, Madeireira Cedroarana embarcó cargas de madera a Estados Unidos (...) y a Europa", según Greenpeace.
Cruces blancas en Brasilia
Para remarcar simbólicamente su denuncia, Greenpeace instaló esta noche decenas de cruces blancas en la explanada frente al Congreso en Brasilia.
Giselda Pereira Ramos, una agricultora del estado de Rondonia, denunciaba la grave situación y hacía un pedido.
"A las personas en el mundo que compran madera (de esas empresas brasileñas señaladas), préstenme atención: va a estar costando la sangre de alguien. Tal vez la mía, la de mis compañeros o la de mis amigos que ya se fueron. No queremos morir para defender la floresta", manifestó.
