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Lino salva el planeta mientras vende frutas

Foto(s): Cortesía
Nadia Altamirano Díaz

Antes de que en Oaxaca se publicaran las reformas que prohiben el uso de embalajes desechables, Lino Martínez Hernández se olvidó de los desechables y optó por comercializar fruta picada en recipientes de plástico duro que puede reutilizar cuando su clientela los devuelve.


“Es un riesgo, más trabajo, pero no contamino tanto”, dice el hombre originario de Matías Romero, quien desde hace un año se autoemplea vendiendo fruta picada en inmediaciones de Ciudad Universitaria.


El comercio ha sido su principal actividad después de que dejó de emplearse en la iniciativa privada.


Primero vendió en abonos ropa y luego zapatos, pero en ambos casos “el pago es muy laborioso”; el riesgo de pérdidas por una cartera de clientes morosos es mayor.


Reducir la huella ecológica


Esa necesidad de mantener a su familia, integrada por su esposa, una hija y un hijo, lo motivó a comenzar a vender fruta picada sin quedarse en un lugar fijo.


De lunes a viernes recorre las áreas administrativas de facultades y escuelas de la Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca (UABJO) o del Instituto de Estudios de Bachillerato de Oaxaca (IEBO), pero sólo entrega a clientes conocidos que le devuelvan el recipiente con tapa, donde ofrece entre 200 y 300 gramos de piña, sandía, melón, coco, papaya o mango picado. 


“Está bien porque es una presentación limpia, trae los productos ordenados, es una manera práctica y los recipientes lo sigue ocupando porque no se van a la basura”, reconoce Karen mientras Lino le pone la cantidad deseada de sal de chile y limón a la fruta que ella eligió.


Palillos en vez de tenedores


El acuerdo es que horas más tarde Lino volverá a la misma oficina de rectoría a recoger el recipiente, en cuya base le ha escrito su nombre. 


“No es necesario que lo laven, porque aunque lo hagan yo lo vuelvo a lavar y a desinfectar para poder utilizarlo de nuevo”, explica mientras en una pequeña maleta guarda el bote de sal de chile, su exprimidor y la mitad de un limón sin jugo.


Para sustituir tenedores de plástico, Lino ofrece palillos.


Terminada la venta, vuelve a tapar la caja de plástico en la que transporta 25 recipientes con fruta picada y sigue su andar, tiene cinco horas para ofrecer 50 porciones de fruta picada y regresar por los recipientes vacíos.


Han transcurrido cinco meses desde que aplica la misma rutina que requirió una inversión de mil 500 pesos para contar con los recipientes.


Además de ecológica, la decisión le representó un ahorro, fue como destinar 320 pesos semanales durante cinco semanas, cantidad que desembolsaba para adquirir un paquete de 250 recipientes de plástico desechable.


La mayor parte de sus clientes le regresan el recipiente, “a muy pocos se les olvida”, pero aún así “ya he perdido 25 trastes”, por lo que busca entregarles a “clientes responsables" que le eviten “la pena” de cobrar 15 pesos de importe.


Si es "tedioso y laborioso lavarlos y desinfectarlos", pero la satisfacción de que contribuye al cuidado del medio ambiente lo compensa.


Incluso se ha encontrado con clientes que cargan su propio traste en el que pueden vaciar la fruta picada y devolver de inmediato el recipiente a Lino, pero aún son pocos.

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