Siempre supo que su misión era ser enfermera. Durante 27 años y medio estuvo trabajando en una clínica de San Pablo Coatlán, Miahuatlán, atendiendo a personas con alto nivel de marginación. Después de jubilada su vida perdió sentido, pero la pasión por su profesión la llevó a regresar y convertirse prácticamente en una enfermera de guerra.
Juana López, madre de tres hijos, brigadista del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) en Oaxaca, se volvió viral a partir de que fue captada atravesando derrumbes para auxiliar a la población después del temblor de 7.5 grados Richter ocurrido en Oaxaca el miércoles 24 de junio.
El terremoto
Ese día se encontraba en la localidad de Tierra Blanca, San Pedro el Alto, ubicado en la región de la Sierra Sur, cuando vino la sacudida. Justo en ese momento otorgaba atención a una mujer adulta mayor, quien quedó paralizada con el piso agitándose de un lado a otro. Juana guardó la serenidad, tomó de los hombros a su paciente haciéndole saber que no la dejaría sola. “Tranquila, no corra, tranquilícese. Vamos poco a poquito -le dijo-. Cuando llegamos a la puerta ya había terminado de temblar”. Afuera todo era miedo, gritos, llanto, con excepción de ellas dos.
Con el sismo los cerros se desgajaron, cayeron a pedazos sobre la carretera. Juana y la brigada médica fueron avisados que había personas heridas en Jazmín del Potrero, una localidad cercana.
Ella sólo tomó una bolsa de las que se usan para la basura como impermeable y se fue con la brigada. En el camino un alud de piedras impidió el paso al vehículo en que viajaban, así que tuvieron que bajar y atravesar caminando.
“Nunca sabemos qué sorpresa nos espera, pero tenemos que estar preparados para lo que caiga. Ese día no llevaba ni impermeable, ni paraguas ni nada, sólo le quité el hule al bote de la basura y vámonos, porque nos dijeron que había una persona herida, que se había caído y, entonces, a caminar a otra localidad”.
Con la virtud de ser una mujer con temple de acero, Juana ha estados en muchos escenarios difíciles. Asistió a la población durante la contingencia sanitaria por el virus AH1N1 en 2010, a la población en Guerrero por el paso del huracán Ingrid, en 2013; en Juchitán de Zaragoza tras los sismos de 2017 y en Santiago Jamiltepec, en 2018, también por el sismo de 7.2 grados. En este 2020 se enfiló para estar en las primeras brigadas triage del IMSS para detección de contagios del virus SARS Cov2 (COVID-19).
“No me da miedo, siempre le pido a Dios que me ayude y siempre con él adelante. Me gusta servir a la gente”, refiere.
Vocación de servicio
Refiere que otros momentos difíciles han sido la atención de partos y explica: “Siempre decía: ¡Dios ayúdame! y era como si Él me guiara las manos. Hubo partos difíciles que solita tuve que atender ¿Cómo iba a sacar a una señora en labor de parto del pueblo hasta el hospital? No, se me desangra en el camino, así que le tenía que hacer lo que yo pudiera en el momento y salvar a la mamá y al niño”
Al llegar a Jazmín del Potrero su presencia le dio alivio a la población, rápidamente fue conducida al lugar en donde se encontraba la mujer herida al caer desde su propia altura cuando intentó correr durante el temblor. “Le pusimos vendajes, la acomodamos, esperamos a que se le quitara el dolor y fuimos a ver a otros que estaban en crisis”.
Por la noche, de regreso a casa una serie de mensajes empezaron a llegar a su teléfono celular. Amistades y familiares que la habían visto en las redes sociales le ofrecían sus felicitaciones. Ella pensó que era por ser día de San Juan. “Jamás me imaginé que fuera por esto”.
Desde 1979 Juana comenzó a laborar en una clínica de San Pablo Coatlán. “Aquí sigo, aquí seguiremos a ver hasta cuándo nos dice Diosito”.
1979,
el año en que Juana comenzó a laborar en una clínica de San Pablo Coatlán.
