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Guelaguetza de Oaxaca: baile, poesía y melodía trenzada

Foto(s): Cortesía
Citlalli López Velázquez

Poesía viva. Melodía trenzada. Aroma a tejate y nenguanitos. Estampa de una tierra orgullosa que vibra al latir de Guelaguetza como regalo al mundo. 


Así, una vez más retumbó el homenaje racial con sus 86 años relatados entre los acordes de violines y la banda de viento, jarabes enredados en las faldas floreadas, rituales envueltos en copal, alegría del torito y del guajolote.


Es la fiesta de Oaxaca que año con año despierta bajo cielo transparente y se duerme acurrucado por un velo estrellado.


Fiesta de pueblos hermanos con hombres y mujeres disímiles: a veces ceremoniosos y místicos, en momentos arrebatados y dicharacheros pero siempre orgullosos de sus raíces.



El jolgorio al terminar la representación, el escenario se confunde con las gradas. FOTO: Emilio Morales

Guelaguetza, homenaje racial


Pletórico el escenario. El Dios Nunca Muere resuena con el público de pie extasiado por el himno inmortal. La música se desvanece y la Diosa Centéotl hace su entrada otorgando la bienvenida a la máxima fiesta. ¡Disfruten todos todos de Oaxaca y sus regiones!


La chirimía arrebata al silencio. La fiesta comenzó. Faroletos y marmotas, toritos y canastas forradas de flores, dimensión de alegría desprendidas del encaje de las faldas de las chinas oaxaqueñas. El público estalla en la emoción del baile que es júbilo de las calendas.


Después Huaxpaltepec, tierra de bravíos fandangos de parejas jugueteando al son de El Zorro y La Cigarra. Ellas sin perder la seriedad del rostro, ellos ahogados entre gritos de aguardiente.


La nubes abrazan con melancolía en las notas de los jamás conquistados. Los sones y jarabes mixes de Santa María Alotepec enmarcan la ceremonia en honor al Rey Kontoy en la espera de su retorno.


La tarde apremia y en lo alto se alzan las copitas. Al grito de ¡Que corra el agua! San Pablo Huixtepec despliega el aroma dulzón del maguey servidos en tragos de chilito. Al vuelo el guajolote arranca el estruendo de los aplausos agitados en la presentación de las fiestas al Señor Centurión.


Los minutos avanzan sincrónicos al paseo de las nubes en el fondo del escenario. La danza ritual surca el cielo con sus danzantes coronados por las aves. Guerreros invencibles de piel que matiza la tierra zachileña. Ornamenta que exalta el pueblo en resistencia con la agilidad de la Danza de la Pluma.



La alegría y felicidad de los oaxaqueños. FOTO: Emilio Morales

Recorrido por las 8 regiones


Entre las gradas la sorpresa y la admiración levantada en una ola. Las cámaras destellan con el flash acompañando el grito de ¡eeeeeeeehhhh! que acompaña el recorrido por las ocho regiones de Oaxaca.


Al escenario el garbo de Tlacotepec. Mirada elegante, altiva propia de la región del Istmo. Un son bailado a pasito de tortuga entre majestuosos bordados y soberbio terciopelo. Su porte hipnotiza llevando el ritmo sobre la cadera.


El cielo cristalino que caracteriza a los Lunes del Cerro comienza a pincelarse con el atardecer. Un grito de ovación se despliega sincrónico al paliacate multicolor y el zapateado hechizaentre las coplas que entonan ¡Bonito Pinotepa!


La alegría se enrolla entre las negras trenzas y el silbido festivo de los hombre que lo mismo zapatean que sacuden el sombrero animando la fiesta multicolor.


El violín marca el baile de cuadrillas. Arcos floridos adornan la Danza de los Jardineros de San Andrés Zautla en un retorno triunfal a la Guelaguetza tras más de 80 años ausentes. “Nos evangelizaron pero nunca dejamos de creer en nuestros dioses” afirma la voz que va relatando la mofa a moros y cristianos.


La nostalgia


Después, himno cantado a la añoranza de la tierra del sol. Arrullo de sombrero de palma entre las notas de José López Alavés. ¡Y al verme tan solo y triste cual hoja al viento…! resuenan las notas preparando el contraste en el juego de El Palomo con la falda revoloteada rehuyendo al ágil danzante de Huajuapan de León.


Envuelta en misticismo, así es Huautla de Jiménez, tierra de áspero camino y sones mazatecos marcados por pétalos de liz.


La noche cae sobre el Auditorio Guelaguetza y las notas de Samuel Mondragón anuncian la entrada triunfal. Huipiles de cantar de pájaros adornan la rotonda. La emoción se desprende a coro en un grito al escuchar ¡Tuxtepec está presente!


Entre las gradas la Guelaguetza hace travesuras, se estrella en la cara de los despistados, se rompe a pedazos en jarritos escurridizos, cae a golpe seco en forma de piñas y granadas.



Flor de Piña. FOTO: Emilio Morales

El rico mezcalito


El ánimo se mantuvo con la presentación de Miahuatlán de Porfirio Díaz y sus Versos del guajolote. ¡Ya no puedo cantar, que ya me siento ronquito que reciban los padrinos este rico mezcalito!


El Espinal y la Fiesta de Octubre en Honor a la Virgen del Rosario van preparando el cierre espectacular. El son en movimiento cadencioso vuelve a arrancar los gritos de ovación.


Las chinas oaxaqueñas anuncian el final del primer Lunes del Cerro, aquella fiesta que es atesorada entre la tierra agreste de la Sierra Sur, en los pueblos áridos de la Mixteca, en la fertilidad de la Sierra Juárez, el misticismo de la Cañada, el sol inquieto de la Costa, la abundancia de Tuxtepec, la elegancia del Istmo y la alegría de los Valles Centrales.

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