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Yucuná: rostro de hambruna y pobreza en Oaxaca

Foto(s): Cortesía
Citlalli López Velázquez

SAN FRANCISCO LAS FLORES, SANTOS REYES YUCUNÁ.- Bernardo Sixto Bartolo atraviesa el patio dando tumbos por el dolor que lo acompaña desde hace tres días cuando se golpeó. Se deja caer en el petate. Echa la agotada espalda hacia atrás recargado en la aspereza de la pared. Se cobija. Tiene fiebre. No deja de temblar.


Margarito, su hijo, le acomoda sobre la cabeza un capuchón de periódico macerado con tierra de iglesia, moledura de cráneo de perro y huevo, pues entre la pobreza extrema que marca al municipio mixteco, el más pobres entre los pobres del país, los remedios caseros son esperanza de sobrevivencia.


“Ya jueron pa'l doctor ayer, antier, dos veces; uno jueron a Tonalá y otro a Mariscala, los dos lados jueron pero no mejoró”, explica Margarito con un castellano aprendido a golpes de necesidad y con la preocupación encajada en los surcos que dibujan en la cara sus 65 febreros.


 



Yucuná o cerro obscuro. Los viejos pobladores cuentan que hace décadas la localidad estuvo a punto de desaparecer debido a la violencia que ejercieron invasores en su contra. FOTO: Mario Jiménez Leyva

 


El día de la caída de su padre, Margarito pidió dinero prestado para al traslado y la revisión en médico particular. Su deuda es de cinco mil pesos, así que, aparte de aquella macilencia que le provoca a Bernardino una rascadera interminable, ya no queda otra opción – asegura el hombre – poniendo todo su corazón en lo único que nada ni nadie le quita: la fe.


Aquella fe reúne a ocho personas en un diminuto cuarto sin muebles, que tienen como cama un viejo petate y sobre ellos el frío que entra inyectado en las rendija de la casa que presume el logotipo “jornada nacional Sin Hambre”. La vivienda de “asistencia social” endeudó con 12 mil pesos al par de viejitos.
 


Pobreza ancentral


“A mi me da tristeza ver que Yucuná sigue igual de pobre que cuando me fui a México. Cuando me fui aquí había pura tierra -señala hacia el horizonte en donde el viento despelleja la agreste montaña - así como ve ahorita, lo único que cambió fueron estas casitas, que no les regalaron, que ellos compraron con 12 mil pesos que les pidieron, pero de ahí todo sigue igual. No hay agua, no hay médicos, las escuelas siguen lejos, no hay qué comer”, reclama Yolanda, hija de Bernardino con la voz que tiene el enojo y la impotencia.


 



La vivenda sin mínimo bienestar. FOTO: Mario Jiménez Leyva

 


Para pagar la deuda que ahora han contraído, Margarito y su familia entran como en una carrera de relevos contra la pobreza. Se turnan para salir a trabajar a la Ciudad de México. “Cuando se va mi hija y se queda yo; me voy yo y se queda mi hijo, así estamos. Veinte días na más voy. Yo no tardo porque ¿quién va cuidar mi casa?, tengo un pollito, tengo un chivito.. tengo que cuidarlo”, explica; entre el rezago en que viven aquello es su único patrimonio.


Cuando el hombre regresa a la localidad, trae 600 u 800 pesos de la venta de cacahuates y pepitas, el único empleo -que asegura – es capaz de realizar porque debido a la lejanía de su localidad con las escuelas, no aprendió a leer y escribir. Las sumas y las restas fueron eseñadas en las calles, en la necesidad de comer.
 


La pobreza anda en jauría


En Yucuná la pobreza se extiende entre los ventarrones que arrastran tristeza; en jaurías de escuálidos perros que, ante el difícil acceso a la salud, se convierten en un remedio casero contra los golpes. Es el techo rajado de una vivienda donde el único mueble es una cobija sobre petate.


La pobreza de Yucuná es un anciano que soporta el dolor de la enfermedad entre sollozos ahogados en la nada de un campo completamente seco. Es un niño que camina una hora hacia la escuela cargando en el estómago el revoloteo del hambre.


Para los habitantes la precariedad es una eterna búsqueda de felicidad; es la angustia diaria de Amalia Palma para alimentar a sus ocho hijos; es la espera de un poco de agua potable para almacenarla en toneles rotos; es el día a día de Lucía Reyes, engañando a la tripa con tortilla y salsa de guaje.


 


En el primer plano Amalia Palma y uno de sus ocho hijos. En segundo plano, Margarito, nietos y nuera, se sacuden el frío con el sol. FOTO: Mario Jiménez Leyva

 


Deshonrosa carrera a la pobreza


El informe Medición de la pobreza municipal” 2015 difundido esta semana por la Comisión Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval), ubica a Santos Reyes Yucuná como el más pobre del país con un 99.9 por ciento de su población en pobreza extrema.


El municipio, de acuerdo con aquellos indicadores, desplazó a San Simón Zahuatlán del deshonroso ranking.


Amalia Palma y su familia habitan en las últimas casas de un páramo en la ranchería San Francisco de las Flores, uno de los puntos de muy alto grado de marginación. La cosecha recién terminó. La troja, construida en medio del solar, está repleta de mazorca lista para desgranar. El alimento deberá de durar un año.


- Sembramos maíz, a veces frijol, sembramos poquito porque a veces no se da – La mayor parte del año los campos en Yucuná son sólo un montón de tierra árida que se desprende con la facilidad de un polvorón. Sin agua. Marchitas. En esta ocasión, las lluvias fueron benévolas. Las milpas “se lograron”.


 


- ¿Y qué pasa cuando no hay cosecha?

- Salimos a trabajar, pues, para jayar dinero y comprar el maíz porque no tenemos

- ¿Hacia dónde van a trabajar?

- Hasta México, se va mi esposo y yo me quedo, o me voy yo y él se queda con mis niños (...) No, a veces nos vamos un mes y regresamos. Como allí tenemos que rentar na mas jayamos poquito para comprar maíz y despensa. Juntamos como unos tres mil pesos trabajando duro. Yo vendo mazapanes y dulces. Me voy a las diez de la mañana y regreso a las 4 o 5, cansada de andar entre los coches, entre las avenidas todo el santo día. Si no fuera a trabajar ¡¿Cómo pues?! A ves nos ayuda el programa este Prospera, pero ahorita nos dieron como 900 por dos meses.


 


En casa, donde no se conoce de gas o refrigeradores, la leña en la estufa prefabricada de la Cruzada Nacional “Sin Hambre” lanza pequeñas bocanadas cociendo nixtamal. Tacos con salsa será la comida. Contadas veces hay para sopa de pasta o arroz. El huevo o el poll, son alimentos que escaparon de su dieta.


 



Las estufas prefabricadas de la Cruzada Sin Hambre sólo calientan agua y cocen tortillas. Las familias difícilmente tienen acceso a más alimentos. FOTO: Mario Jiménez Leyva

 


Los más pobres entre los pobres


Adelfo Martínez Estrada, presidente municipal de Yucuná, no repara en aceptar que los indicadores que ubican a la localidad como el más pobre del país. Aquella condición – afirma – puede ser atribuida a la falta de fuentes de empleo. “La gente migra, casi el 95 por ciento se va a otros estados para sobrevivir y de ahí traen su sustento porque aquí no hay trabajo”, explica.


Anualmente Yucuná recibe 3 millones del ramo 33 fondo 3; 700 mil del fondo 4; y en 2 millones de pesos del fondo 28.


El recurso es repartido en las 4 rancherías en obras de pavimentación, energía eléctrica y rehabilitación de agua potable. “Hasta ahí me alcanza el dinero; no me doy abasto para hacer grandes cosas”.

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