Las llamas de la vivienda aún no se habían extinguido cuando fue informada del incendio. Detrás de la bocina del teléfono la voz agitada de una vecina le dio la noticia: “¡Teodora, tu casa se está quemado!”. Era martes 6 de febrero.
Teodora Martínez González se encontraba en la colonia la Soledad a varios kilómetros del lugar en donde, en ese momento, alrededor del medio día, todo había quedado reducido a cenizas y espigas ennegrecidas.
Tres días después, entre los escombros y una vivienda levantada a fuerza y solidaridad vecinal, Teodora reflexiona y, al ver en retrospectiva, se siente afortunada de que ese día su rutina diaria y la de sus nietos hubiera sido rota de manera inexplicable.
Una noche antes una de sus hijas la llamó para invitarla a pasar la mañana en su casa. “Voy a descansar, ven a verme”, le dijo, así que al amanecer se dirigió a la Colonia La Soledad. Sus nietos y nietas, quienes regularmente están en casa, ese día no lo hicieron.
El fuego dejó sólo un hueco árido.
Gracias a Dios nadie estaba en ese momento, nadie porque a veces dejan a mi nieta de 15 años y a mi nietecito de siete, pero ahora gracias a Dios que no. No sé si fue el presentimiento de su mamá pero ese día se los llevó a todos a dejar a sus otros hijos a la escuela- explica Teodora .
Quienes presenciaron el incendio dicen que sólo se escuchó un estruendo y en cuestión de segundos el fuego había devorado la pequeña casita levantada en madera y lámina. Nada pudieron hacer. Salvo tres láminas, todo quedó consumido, incluso Nico, un periquito de tres años.
Después de asimilar la pérdida en un abrir y cerrar de ojos de su patrimonio: una lavadora, una estufa, un tinaco, camas, ropa y trastes; la imagen de Nico revoloteando desesperado entre el fuego, es la única estampa que ahora la atormenta.
Ese mismo día del incendio fue levantada una galera; dos familias donaron dos camas, otras más llevaron cobijas y algo de ropa, sin embargo, la familia integrada por diez personas, aún requiere de la solidaridad ciudadana para poder recuperar su vida normal.
- Mi casa toda era de laminita, no estaba muy bien hecha pero sí más cubiertita. Ya me trajeron ayuda pero hace falta. Yo no quiero lo que no tenía, pero sí que me ayudaran con poco de muebles- señala la mujer quien es empleada doméstica.
