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Samaritana, más viva que nunca; personas desbordan calles de Oaxaca

Foto(s): Cortesía
Israel García Reyes

Citlalli López Velásquez

Este cuarto viernes de Cuaresma, en la ciudad de Oaxaca de Juárez se bebió en jicaritas policromadas, vasos y tazones; se le saboreó trago a trago bajo el sol despiadado que, sin embargo, formó parte esencial de la fiesta en las calles.

Este cuarto viernes se vivió frente a ollas de barro adornadas con el rosa intenso de las buganvilias, entre el gentío haciendo filas sólo por dar sentido al Día de la Samaritana, fiesta única, popular y que hermana y da alegría.

Tras dos años sin realizarse, las calles vibraron con su regreso. Ríos de personas se desbordaron para convivir y compartir el sabor de la chilacayota y la jamaica, la mandarina y la horchata, pero también el tepache y el pulque servidos bien fríos.

“Nunca había visto una celebración así. Me sorprendió la belleza, la alegría y la hospitalidad que tiene Oaxaca”, dijo Rocío, quien viajó desde la Ciudad de México para asistir a una boda y que explica que conocía parte de las tradiciones de la entidad; sin embargo “vivirlas y formar parte de ellas es algo único”.

Andador Turístico

Adornado con tiras de colores, el cielo sobre el Andador Turístico también se estremeció. Bajo es techo multicolor fueron las selfies del recuerdo, el beso cariñoso de una pareja de adultos mayores, el recuerdo de los niños paseando con los abuelos, la mano de una niña estrechando con fuerza la de su madre mientras en sus ojos se acumula una nueva vivencia.

El reloj marcó el medio día y en el atrio de la iglesia de la Preciosa Sangre de Cristo se representó el pasaje bíblico de la Samaritana. En torno la gente presenció teniendo en mano un vaso con abundante agua.

La presencia de las personas hizo insuficientes las ollas de barro, que en menos de dos horas habían quedado secas.

 

Ingenio oaxaqueño

Con el característico ingenio de Oaxaca, algunos puestos colocados fuera de negocios mostraban letreros como: “Agüita para olvidar a tu ex” o “Agüita fresca, el piquete se vende por separado”, aludiendo al mezcal, agua de las verdes matas.

La fiesta se extendió a los barrios tradicionales: Jalatlaco y Xochimilco en donde no faltó el color del papel picado, los sabores oaxaqueños y la convivencia de una fiesta que no murió con la pandemia, al contrario, renació con más fuerza.

La tradición evoca, a su manera, un pasaje bíblico del evangelio de San Juan, cuando una mujer ofreció agua a Jesús en el pozo de Jacob en la ciudad de Siquem. “Si bebes agua de este pozo te dará sed otra vez, pero el agua que yo daré puede hacer que uno viva para siempre”… cita el texto.

Fue a finales del siglo XIX cuando en las iglesias de San Juan de Dios, San Francisco y la Merced se comenzó a representar el pasaje bíblico.

La tradición de regalar agua inició con doña Casilda Flores, mujer notable conocida como la Samaritana Oaxaqueña, ya que bajo su propia iniciativa regalaba agua primero sólo a estudiantes y después, de manera general, específicamente en ese día.

FOTOS: Emilio Morales / Mario Jiménez Leyva

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