En Oaxaca, el consumo de cigarrillos entre adolescentes se ha convertido en una señal de alerta silenciosa. Aunque la entidad suele figurar entre los estados con menores índices de consumo de alcohol, el uso de tabaco y, más recientemente, de cigarrillos electrónicos, avanza entre jóvenes de entre 10 y 19 años. A nivel nacional, 4.6 por ciento de los adolescentes fuma, lo que equivale a cerca de un millón de menores de edad, pese a la prohibición legal de vender estos productos a este grupo. En paralelo, 2.6 por ciento —alrededor de medio millón de adolescentes— utiliza vapeadores o cigarrillos electrónicos, una práctica que ha crecido en los últimos años y que comienza a observarse también en comunidades urbanas y semiurbanas de Oaxaca.
Especialistas en salud pública advierten que estos dispositivos se han vuelto especialmente atractivos para los jóvenes por sus sabores, diseños y la percepción errónea de que son inofensivos. Sin embargo, estudios del Instituto Nacional de Salud Pública señalan que su consumo se asocia con daños respiratorios, alteraciones cardiovasculares y afectaciones en la salud mental, además de incrementar la probabilidad de que los usuarios transiten posteriormente al cigarro tradicional. En el país, el tabaquismo continúa presente en 16.6 millones de adultos, lo que refuerza el entorno de normalización del consumo. Para médicos y organizaciones civiles, el reto en Oaxaca no solo es frenar la venta ilegal a menores, sino fortalecer la prevención en escuelas y hogares, donde muchas veces el primer contacto con el tabaco ocurre antes de los 15 años. La advertencia es clara: sin acciones contundentes, una nueva generación podría quedar atrapada en una adicción que la ley prohíbe, pero que el mercado y la desinformación siguen promoviendo.
