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Pacientes sueñan con Centro de Diálisis en Oaxaca

Insuficiencia_renal
Foto(s): Cortesía
Nadia Altamirano Díaz

Nadia Altamirano Díaz

 

En los últimos siete años la insuficiencia renal grave ha llevado a Karol a visitar salas de choque en hospitales, a estar intubada por 12 días, a perder la vista, a convulsionar, a experimentar un paro cardio respiratorio, a usar oxígeno domiciliario, montar un cuarto de diálisis en su casa y esperar por un trasplante de riñón.

Desde diciembre pasado que le planteó al gobernador Alejandro Murat su proyecto para que Oaxaca cuente con un Centro de Diálisis que dé atención a 3 mil 500 personas que deben acudir al sector privado, no se ha cansado de tocar puertas, pero lo único que ha recibido de las y los servidores públicos son largas o la advertencia de que es inviable económicamente.

“Se requieren al menos diez millones de pesos y un millón de pesos anuales para que podamos contar con una sala de conexión y desconexión para aquellos pacientes que no pueden montarla en su domicilio, sería como una casa de día, porque muchas veces hay jóvenes que no pueden dializarse porque su mamá o papá salen a trabajar”, aseguró.

A Karol le diagnosticaron la enfermedad cuando tenía 18 años y recién había empezado a estudiar la licenciatura en terapia física, la cual interrumpió por las constantes visitas al hospital.

Primero la piel alrededor de los ojos se le empezó a manchar y a formar una especie de antifaz alrededor de los ojos, lo que se conoce como “alas de mariposa”, después se comenzó a hinchar y le salieron ámpulas.

Una biopsia de riñón y otra de piel permitió saber que enfrentaba insuficiencia renal terminal y lupus, una enfermedad en la que por error el propio sistema inmunitario ataca las células y tejidos sanos.

“Empecé con quimioterapias que ahora mantengo cada mes, dejé de trabajar hace tres meses porque renové el protocolo para mantenerme en la lista de espera en el Hospital de Especialidades de San José, en Puebla, pero puedo tardar años antes de recibir un riñón”, expresó consciente de todo lo que implica la insuficiencia renal.

En las salas de espera Karol ha conocido casos de personas que tienen que elegir entre pagar el tratamiento o comprar alimentos para su familia.

Por ello, aseguró que no dejará de insistir para que las autoridades implementen un Centro de Diálisis, a pesar de que “es triste y duele que te digan que no sirve o no importa”.

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