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Tlaxiaco busca canonización de dos mártires de la Guerra Cristera

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Foto(s): Simitrio Robles Ibáñez
Simitrio Robles Ibáñez

El párroco de la ciudad de Tlaxiaco, Juan Pablo Velasco Aquino, manifestó en días pasados, que continuará con el legado que inició el Padre Humberto Medina en relación a la canonización de los tlaxiaqueños, Rafael Encarnación Acevedo Saavedra, y de su hijo, Jesús Vicente Acevedo, quienes fueron martirizados por las fuerzas armadas durante un conflicto que ocurrió en el país entre los años de 1926 a 1929, esto, como parte de las tensiones entre el Gobierno y la Iglesia Católica a consecuencia de las leyes que limitaban el poder eclesiástico.

El párroco de la ciudad de Tlaxiaco, acompañado del obispo auxiliar de Antequera monseñor Luis Alfonso Tut Tún, rindió culto a quienes dieron su vida por la Iglesia Católica, el obispo estuvo acompañado de María Teresa Acevedo, familiar directo de los mártires, y juntos develaron uno de los siete cuadros que ilustran las imágenes de los mártires de Tlaxiaco, hecho que dio paso a continuar con la búsqueda de la canonización de los mártires.

Velasco Aquino dio a conocer a la feligresía y a familiares una semblanza de la vida y obra de los mártires Acevedo, quienes mostraron el verdadero amor y fidelidad a Cristo y a su Iglesia; de hecho, fueron los primeros en derramar su sangre en defensa de la fe en el periodo conocido como la Guerra Cristera.

Al iniciar la celebración de la fiesta de la transfiguración del señor, se conmemoró también el aniversario del martirio de los tlaxiaqueños sucedido un mes de agosto de 1926, cuando llegadas las 7 de la mañana el tlaxiaqueño Don Rafael Encarnación Acevedo Saavedra, recibió del señor doctor presbítero Don Celso Castro, la encomienda a repartir unas hojas de propaganda religiosa, ordenándole que lo hiciera en toda la población, a lo que el señor Acevedo aceptó con gusto cumpliendo con exactitud lo ordenado.

De inmediato fueron denunciados por Mario Gómez y por la señora Rosa Montes con el teniente Patricio López González; el militar llegó a la casa de Rafael Encarnación Acevedo manifestando que quería hablar con él y que le quería pedir un favor. Hablando con mucha amabilidad, el teniente lo tomó del brazo sacándolo de su casa y conduciéndolo al cuartel, para quedar detenido.

Las horas pasaban y al ver que no regresaba a su casa, la señora Juana Vega ordenó a su hijo, Jesús Vicente Acevedo, a que fuera a ver a su padre para saber qué sucedía o si le había pasado algo, pues se estaba dilatando.

El joven salió acompañado de su hermano Alfonso y, al llegar los dos hermanos a la puerta del cuartel, el centinela dejó pasar solo al joven Jesús Vicente y a Alfonso lo rechazó no permitiendo que entrara al cuartel argumentando que solo pasaría uno, por lo que Alfonso se regresó y Jesús Vicente se quedó con su padre.

Luego vino la orden de retirarlos diciendo el militar: “usted es el principal fanático tengo referencias -le decía- y aquí no hay más ser poderoso que el presidente de la Republica”, a lo que el señor Acevedo contestó: “con mucho ánimo que bajo esta bóveda Celeste que nos cubre no hay nadie más poderoso ni más grande que solo Dios dueño de cuanto existe”; amenazándolo con la muerte, el señor Acevedo contestó con serenidad y energía: “si 20 vidas tengo, las 20 doy por la religión”, el hijo con firmeza reafirmaba todo lo que había dicho su padre.

Más tarde, los llevaron al fusilamiento, momento donde Rafael Encarnación Acevedo y su hijo seminarista Jesús Vicente Acevedo, al grito de “Virgen de Guadalupe: Perdona a tus hijos”, sucumbieron a las 11 de la noche del día 6 de agosto del año de 1926.

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