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Domingo, día del Señor “¿Qué quieres que haga por ti?... Maestro, que pueda ver”

bartimeo-biblia
Foto(s): Cortesía
Redacción

P. Gregorio Gil Cruz Glz.

Evangelio: Mc. 10, 46-52

En aquél tiempo, al salir Jesús de Jericó en compañía de sus discípulos y de mucha gente, un ciego, llamado Bartimeo, se hallaba sentado al borde del camino pidiendo limosna. Al oír que el que pasaba era Jesús nazareno, comenzó a gritar: “¡Jesús, Hijo de David, ten compasión de mi!” Muchos lo reprendían para que se callara, pero él seguía gritando todavía más fuerte: “¡Hijo de David, ten compasión de mi!”.

Jesús se detuvo entonces y dijo: “Llámenlo”. Y llamaron al ciego, diciéndole: “¡Ánimo! Levántate, porque él te llama”. El ciego tiró su manto; de un salto se puso en pie y se acercó a Jesús. Entonces le dijo Jesús: “¿Qué quieres que haga por ti?” El ciego le contestó: “Maestro, que pueda ver”. Jesús le dijo: “Vete; tu fe te ha salvado”. Al momento recobró la vista y comenzó a seguirlo por el camino. Palabra del Señor

“¿Qué quieres que haga por ti?... Maestro, que pueda ver”. Es la pregunta que Dios nos hace en este domingo. Es la pregunta que nos invita a revisar qué es lo que necesitamos de Dios: ¿satisfacción de necesidades básicas, trabajo, salud, paz?

El evangelio de este domingo es una invitación  a saber descubrir a Dios en las formas en que se nos manifiesta. Es el caso de Bartimeo que logra escuchar a Jesús cuando pasa por el camino, aún en su ceguera sabe que es Jesús. Más allá de una ceguera física, Bartimeo representa al hombre que limitado es capaz de reconocer la presencia de Dios y suplicarle su ayuda. Es ejemplo de perseverancia (insiste en su llamado), es un hombre valiente para quien no importan las críticas ni los regaños, él insiste en su súplica; es un hombre de mucha fe: “Vete; tu fe te ha salvado”.  Jesús escucha su súplica incesante, se detiene, pide que lo llamen y pregunta: “¿Qué quieres que haga por ti?... Maestro, que pueda ver”. Recobró la vista y comenzó a seguirlo. Lo que el hombre más desea es la luz de sus ojos y Jesús le concede al instante la vista. Es un anhelo de todo hombre, pues la luz da vida, paz, felicidad, nos permite disfrutar todo lo que Dios nos da; la oscuridad ocasionada por el pecado quita la paz, la armonía y la alegría. 

Liberado de su ceguera sigue al Señor.  Bartimeo representa al hombre necesitado de Dios, de la luz que da sentido a su vida. Cansado de estar sentado en el camino de la vida busca como aquél hombre rico (¿qué debo hacer para conseguir la vida eterna?) algo más que le de sentido a su vida. Bartimeo a diferencia de aquél hombre rico, es capaz de ponerse en disposición para que Jesús lo sane y lo libere de su limitación que le impide encontrar la verdadera felicidad. El ciego tiró su manto… recobró la vista, comenzó a seguirlo por el camino y encontró la felicidad.

Hoy Jesús nos invita a despojarnos de todo lo que nos impide seguirlo; despojarnos de lo que no nos permite ver con claridad qué es lo que verdaderamente nos da felicidad, lo que nos hace libres. Por eso debemos preguntarnos: ¿Qué me está impidiendo ver la luz? ¿Mi pereza, mi egoísmo, mi avaricia, mi lujuria, mi orgullo y soberbia? ¿Qué debo de tirar, como el ciego Bartimeo, para poder ver la luz? Tirar lo que está dañando a mi matrimonio, lo que está dañando mi relación con mis hijos, con compañeros de trabajo. Debemos de tirar las actitudes, conductas, y modos de ser del “hombre viejo”, en palabras de San Pablo, para que renovados por Cristo, podamos llevar una vida nueva.

 “Bartimeo, sabe quién es Jesús y su grito incesante se convierte en una profesión de fe, proclama que Jesús es el Hijo de Dios. El ciego Bartimeo cansado de estar sentado, desea recobrar la vista para poder seguir a Jesús. La figura de este ciego se convierte en un modelo para todo discípulo. Auténtico discípulo es aquél que testifica y proclama su fe, la traduce en oración perseverante y confiada, se libera de todo lo que impida un encuentro personal con Cristo e iluminado por él, lo sigue decidido en su camino”. (Cfr. Comentario al NT. Casa de la Biblia).

La fe no solo lo ha salvado-sanado, sino que lo impulsa a seguir a Jesús, convirtiéndolo en su discípulo. Solo reconociendo nuestras limitaciones y pidiéndole a Dios que nos sane podemos seguir a Jesús. La recuperación de la vista va más allá de la curación física, no es simplemente un don físico, sino un signo de la vida nueva, de la luz radiante de la gloria del Padre que es Jesús. 

Con este milagro, que es un paso de la ceguera a la visión y de las tinieblas a la luz, comprendemos que Jesús es instrumento de liberación total para alcanzar la vida eterna. Dios los bendiga. Feliz domingo.

@PGil_Cruz

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