En un esfuerzo por frenar la extinción de un emblema de la cultura zapoteca, un grupo de voluntarios y especialistas en Juchitán de Zaragoza han puesto en marcha un desovadero comunitario diseñado para la protección, incubación y liberación de iguanas, especie acechada por la caza furtiva y el tráfico ilegal.
El proyecto, instalado en la Casa de la Cultura local, opera bajo un riguroso control biológico. Itzel Soledad Parada Valladares, voluntaria del centro, explicó que actualmente resguardan ejemplares que ya han comenzado su ciclo reproductivo.
“Una de nuestras iguanas puso 35 huevos. El proceso implica trasladarlos a un área de incubación con temperatura y humedad controlada durante 90 días”, señaló.
Se estima que las primeras crías nazcan entre junio y julio, para ser liberadas tras dos meses de cuidados.
Para el biólogo Sócrates Pineda Castillo, la clave no solo está en la protección, sino en la regularización. El especialista promueve la creación de “criaderos de traspatio” bajo el esquema de Unidades de Manejo para la Conservación de la Vida Silvestre (UMA).
“Buscamos que quienes comercializan iguanas lo hagan de forma sostenible. Ofrecemos asesoría gratuita para obtener permisos ante la Semarnat, permitiendo el aprovechamiento de la especie siempre que se libere un porcentaje a la vida silvestre”, afirmó alertando que la iguana nativa está casi extinta en el Istmo y la que se consume actualmente es traída de otros estados.
Más allá de lo biológico, la iniciativa busca salvaguardar un pilar de la identidad regional. Michel Pineda, representante de la Casa de la Cultura, destacó que la iguana es protagonista en la literatura, la música y el arte zapoteca, recordando la influencia del maestro Francisco Toledo en la difusión de este símbolo.
“Queremos que los niños y jóvenes vean el proceso biológico de una especie endémica que es parte de nuestra alma como pueblo”, subrayó.
La urgencia del proyecto se acentúa ante el constante asedio del mercado negro. Recientemente, 192 iguanas fueron rescatadas en la terminal de Matías Romero cuando eran transportadas ilegalmente desde Veracruz, para su venta en el Istmo; evidenciando que, mientras la comunidad construye refugios, las redes de tráfico continúan operando.
