- El obispo auxiliar de la Arquidiócesis de Antequera-Oaxaca, Luis Alfonso Tut Tún, llamó a compartir el testimonio de trabajo
El obispo auxiliar de la Arquidiócesis de Antequera-Oaxaca, Luis Alfonso Tut Tún afirmó que las religiosas y los religiosos están llamados hoy a vivir con nobleza de espíritu, en la gracia de Dios y en el misterio de su consagración, así como alimentándose de esperanza y permaneciendo firmes en su propia identidad, porque el tiempo para las grandiosas empresas u obras apostólicas ha terminado.
“Hoy más que nunca, es necesario ser no solo los sembradores sino sobre todo los manantiales de la esperanza porque la gente de nuestro tiempo está desesperada por la esperanza. La gente desea tanto poder creer y esperar. Y nosotros como consagrados en nombre de Cristo debemos estar dispuestos a dar respuesta a todo aquel que nos pida razón de nuestra esperanza”, aseveró.
Durante la homilía de la misa oficiada en la Catedral de Nuestra Señora de La Asunción por la celebración del Jubileo de la Vida Consagrada, después de encabezar una peregrinación desde el templo de Santo Domingo de Guzmán, el mitrado sostuvo que las religiosas y religiosos necesitan dar testimonio con evidente transparencia de su trabajo y de sus creencias como consagrados para ser profetas.
“También el tiempo de las palabras ha terminado. Hay que buscar una nueva forma de dar testimonio, más comprensible y accesible para nuestro tiempo, que manifieste claramente los valores de una vida consagrada orientada exclusivamente a Dios. Sería casi una nueva llamada apostólica, la de ofrecer sentido a un mundo que sufre, con el lenguaje no verbal de una vida que es profecía y que habla al mundo solo con el signo irrefutable del testimonio de la fe en Dios”, agregó.
En presencia de religiosas de diferentes órdenes, expuso que las religiosas y religiosos también necesitan darse cuenta de este tiempo de profunda transformación, sobre todo, en las fronteras, el clima, el mundo, los movimientos migratorios y el peligroso avance de la corriente transhumanista, entre otros.
“Así las cosas, las religiosas y los religiosos, como centinelas de la mañana, están llamados a escudriñar el horizonte e identificar signos útiles y más adecuados para ser visibles en este tiempo, con la certeza de que el Espíritu opera en todas partes, de manera creativa, a veces sorpresiva, pero siempre nuevo y original”, anotó.
De esta manera, subrayó que las religiosas y religiosos deben ser como los profetas y ponerse en una escucha asidua y atenta del llamado del Espíritu al corazón, no importa cuán extraño, doloroso o diferente sea.
“Porque para ser los centinelas de la Iglesia en salida, la Iglesia que va en busca de los alejados de Dios y de los que han perdido la esperanza, se requiere ir más allá del compromiso de la escucha contemplativa, ya que se necesita también el coraje de dejar el pasado e ir donde el Espíritu de Dios despierta nuevas intuiciones y cambios para ofrecer al mundo la esperanza para volver a empezar”, asentó.
Tut Tún dijo que la vida consagrada es esencialmente eclesial porque es un don del Espíritu a la Iglesia, pues nace en la Iglesia, crece en la Iglesia, está toda orientada a la Iglesia, forma parte de la vida de la Iglesia y la nutre con la esperanza para alcanzar la santidad.
“Escúchenlo bien otra vez, la vida consagrada nutre a la Iglesia con la esperanza para que alcance la santidad a la que es llamada. El papa Francisco, en confirmación de esto, en una charla sobre la vida religiosa, no dudó en afirmar que la vida religiosa tiene un futuro y este futuro tiene un nombre y su nombre es esperanza”, aseguró.
“Hoy más que nunca, es necesario ser no solo los sembradores sino sobre todo los manantiales de la esperanza porque la gente de nuestro tiempo está desesperada por la esperanza".
Luis Alfonso Tut Tún, obispo auxiliar
