Hoy es 7 de junio, Día del Periodista. Y más que hablar de batallas, vale la pena hablar de vocación.
Ser periodista es elegir estar donde pasa la vida. Es llegar temprano a la plaza para escuchar la historia del vendedor de nieves, es quedarse hasta tarde para entender por qué se cerró una calle. Es traducir el dato en palabra y la palabra en sentido. Es recordarle a la comunidad que su historia importa.
En Oaxaca lo sabemos bien. Aquí el periodismo huele a café de madrugada en la redacción y a lluvia en la entrevista bajo un tejaván. Es el maestro que explica con paciencia, la madre que busca a su hijo, el artesano que guarda un secreto en sus manos. Contar esas vidas es un privilegio y una responsabilidad.
Este oficio no se ejerce solo con teclado y grabadora. Se ejerce con curiosidad, con empatía, con esa terquedad amable de preguntar una vez más. El periodista es puente: une al funcionario con el ciudadano, al dolor con la esperanza, al ayer con el mañana. Su trabajo es hacer visible lo que de otro modo pasaría inadvertido.
Celebramos hoy a quien decide contar, aunque el día venga cansado. A quien corrige tres veces la misma frase porque la verdad merece el verbo exacto. A quien cree que informar es también cuidar. Cuidar la memoria, cuidar el lenguaje, cuidar a la gente.
Gracias a las y los periodistas que cada día salen a buscar historias. Gracias por su pluma, su cámara, su micrófono y sobre todo por su compromiso. Ustedes nos recuerdan que detrás de cada nota hay rostros, hay familias, hay un México que vale la pena conocer.
Que este 7 de junio sea para reconocerlos. Porque nombrar el mundo con honestidad también es una forma de quererlo.
