Las grietas hundidas en los muros marcan las heridas. Las paredes se desmoronan pesadamente sobre las maderas quebradas por el esfuerzo de cargar. Oaxaca pierde su estructura tradicional que cae a pedazos ante la mirada indiferente de autoridades y particulares. Las tiras amarillas con la leyenda "precaución" marcan la distancia entre la cultura, que hizo posible el Oaxaca tradicional, y un estado moderno construido con cemento y acero.
En pleno centro histórico, ente Colón y Melchor Ocampo, la arquitectura tradicional cede ante la modernidad. Los muros de tierra se desgastan con el paso del tiempo. Lo que fue de la arquitectura colonial, se cae materialmente a pedazos.
Lo irónico es que aun con el riesgo, los peatones pasan a centímetros del inmueble, sin pensar en que ponen en riesgo sus vidas.
Oaxaca, tierra de barro y cantera
A partir de la Colonia, Oaxaca se construyó con los materiales tradicionales de la región: el adobe, la cantera y la teja.
Un recorrido por el Centro Histórico nos muestra que la mayoría de los viejos edificios fueron construidos sobre una base de cantera, adobe y teja, que con el paso del tiempo y la falta de mantenimiento han constituido un serio riesgo para los habitantes de la capital del estado.
El 19 de septiembre de 1999 se registró un temblor de 7.4 grados Richter. La estructura tradicional provocó una desgracia. Una joven trabajadora murió trágicamente cuando, al salir despavorida, un pretil de cantera verde le cayó sobre la cabeza, en la tienda de fotocopias en donde trabajaba.
La mujer se llamaba Teresa. El reloj estaba por cruzar 11:31 horas. Ella no previó su destino. Fue una de las 46 víctimas que dejó el temblor.
A pesar de que los temblores son una constante histórica en Oaxaca, este movimiento telúrico, con epicentro a 15 kilómetros de Puerto Escondido, no tiene comparación en la historia reciente.
Su fuerza, desconocida para los más jóvenes, se pudo comparar solamente con el terremoto también ocurrido en Oaxaca en 1931.
Sismo fatal
46 muertos, 215 lesionados y más de 45 mil viviendas afectadas, amén de otras construcciones; así como más de 350 mil habitantes damnificados, casi uno de cada 10 oaxaqueños, fue lo que dejó la fuerza de la naturaleza.
Su intensidad y prolongada duración provocó reacciones, ya que algunas de las muertes ocurridas se dieron por la salida intempestiva de los edificios y viviendas.
Este sismo, como otros tantos en el estado, tuvo su origen en la Placa de Cocos, sobre la que se encuentra gran parte del territorio nacional, por su desplazamiento hacia el Occidente y su contacto en diferentes inclinaciones con la otra, la del Pacífico.
Ambas entran en colisión bajo una depresión submarina llamada Trinchera Mesoamericana, que se desarrolla paralela a la Costa, produciendo inmensas presiones e impactos altercados en diferentes lugares de contacto.
Cuando se producen los impactos y se libera la energía, ésta se transmite en forma de ondas de choque radiales que se desplazan a diferentes velocidades, según la capacidad de resistencia de las rocas que se encontraron en su camino, pero fue tanta la energía que se liberó, que en frecuencia, dichas velocidades fluctuaron entre los 50 y 70 kilómetros por segundo, por lo que las ondas pudieron recorrer el territorio estatal en un tiempo calculado de 9 a 17 segundos.
Inmuebles en riesgo
De acuerdo con Protección Civil del ayuntamiento de Oaxaca de Juárez, en el primer cuadro de la ciudad hay 80 inmuebles catalogados en riesgo que en esta temporada incrementan su peligrosidad por la humedad que ocasionan las lluvias.
Oaxaca es una ciudad de barro y de cantera. No hay una política pública que busque rescatar la esencia de lo que fue la antigua Verde Antequera.
Los letreros de advertencia y apuntalamientos, sólo son elementos que intentan evitar algún accidente. Sin embargo, no hay una acción efectiva que reduzca los riesgos.
Las personas atraviesan las calles sin advertir el riesgo de la caída de una cornisa o de las bardas.
Bajo el riesgo, las personas se reúnen a esperar el transporte público. Se quedan paradas durante largo tiempo en un lugar peligroso.
