En el salón de sesiones de San Raymundo Jalpan, entre carpetas, cifras y reclamos que se asoman sin decirse del todo, el director general del Instituto Estatal de Educación Pública de Oaxaca (IEEPO), Emilio Montero Pérez, llegó a rendir cuentas ante la Comisión Permanente de Educación de la LXVI Legislatura.
La comparecencia, parte de la Glosa del Tercer Informe de Gobierno, dejó una fotografía amplia del sistema educativo estatal: 802 mil 614 estudiantes atendidos y 11 mil 629 escuelas de nivel básico distribuidas en las ocho regiones. En el balance oficial, los números apuntan hacia el avance: más de 7 millones de libros de texto gratuitos repartidos, 83 mil estudiantes beneficiados con programas de equipamiento escolar, 333 planteles conectados a internet y 5 mil 989 estímulos entregados a docentes. Desde el Congreso, la narrativa coincidió en que fortalecer la educación pública es clave para reducir el rezago, sostener la cobertura y construir un modelo más inclusivo e intercultural en un estado donde la desigualdad se mide por kilómetros de distancia y carencias históricas.
Pero el mismo informe que presume crecimiento también exhibe los límites de la transformación. Porque si bien se habla de conectividad, apenas 333 escuelas representan una fracción mínima frente a las más de 11 mil que existen en el nivel básico, lo que revela que la brecha digital sigue siendo una herida abierta en Oaxaca.
Las diputadas y diputados reconocieron avances, aunque también colocaron sobre la mesa las tareas pendientes: la legisladora María Francisca Antonio Santiago insistió en la urgencia de impulsar la robótica educativa para secundarias técnicas y generales, mientras que la diputada Lizbeth Anaid Concha Ojeda subrayó que aún falta consolidar una relación institucional sólida con el magisterio para garantizar el derecho a la educación sin interrupciones.
En un tono de respaldo, pero también de advertencia, el Congreso reafirmó su compromiso de seguimiento a las políticas públicas, dejando claro que los números cuentan una parte de la historia, pero en las aulas la realidad todavía se mide en infraestructura insuficiente, desigualdad regional y el desafío permanente de que la educación no sea solo estadística, sino un derecho plenamente cumplido.
