“La Guelaguetza no es folklor, es una forma de vida”, expresaron organizaciones que integran el Espacio Estatal en Defensa del Maíz Nativo de Oaxaca, durante la jornada de resistencia “Guelaguetza en la vida cotidiana”, donde rechazaron la comercialización y descontextualización de esta práctica ancestral.
Desde su visión comunitaria, la guelaguetza es una forma de reciprocidad, un intercambio entre iguales que representa apoyo mutuo, solidaridad y tejido comunitario.
"Ayúdame hoy que tengo necesidad, y yo te repongo tu esfuerzo cuando lo necesites", expresaron.
Este principio se materializa en actos cotidianos como la gozona de milpa, donde el trabajo colectivo sustituye a la contratación de mano de obra asalariada.
“Aunque el resultado sea el mismo en kilogramos de maíz o frijol, no se teje comunidad cuando una persona queda subordinada a otra”, explicaron.
Las comunidades que conforman este espacio señalaron que sembrar milpa en guelaguetza, mantener la costumbre, es un acto de resistencia frente al modelo económico capitalista.
“No se necesita dinero para hacer guelaguetza. Es un intercambio de trabajo entre iguales, no de explotación”, subrayaron.
Además, advirtieron que, aunque la fiesta también se expresa con celebraciones, el sentido profundo no radica en el espectáculo. La participación en una fiesta comunitaria inicia con el trabajo: criar un animal, preparar alimentos, cortar leña, colocar lonas, entre muchas otras tareas que no se reducen a un momento de consumo.
Lamentaron que en nombre de la guelaguetza se realicen espectáculos dirigidos al turismo que distorsionan su significado original.
“La guelaguetza no es un show, no se trata solo de exhibir la belleza al visitante y esconder la fealdad como si fuera basura”.
Alertaron también sobre la privatización y comercialización de la tradición.
“Hoy hay hoteles y restaurantes que venden guelaguetzas privadas, donde se contrata a personas para mostrar bailables descontextualizados. Eso no es guelaguetza, eso es folklorización”, dijeron.
Para las organizaciones, esta “guelaguetza capitalista” convierte a las comunidades en objeto dentro de su propia tierra, sustituibles y desechables al mejor postor. Frente a ello, llamaron a recuperar el sentido profundo de esta práctica comunitaria.
“En la ciudad también se puede hacer guelaguetza. Es hora de aprender, desde el campo y la ciudad, a hacer comunidad”.
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