La proliferación de tiraderos a cielo abierto continúa siendo una de las problemáticas ambientales más visibles en la ciudad de Oaxaca.
A pesar de los esfuerzos anunciados por las autoridades para frenar esta práctica, la acumulación de residuos persiste en distintos puntos de la capital. Uno de los casos más recientes se ubica en las riberas del río Atoyac, en inmediaciones del Puente Cuarto Centenario, a escasos metros de las instalaciones del Parque Primavera.
En la zona, desde hace varios días, se observa una considerable cantidad de basura esparcida no solo sobre la vía pública, sino también debajo del puente y a lo largo de la ribera del afluente.
Bolsas negras rotas dejan al descubierto desechos como envases de plástico, cartón, papel higiénico y otros residuos domésticos, que permanecen expuestos a la intemperie.
El panorama refleja abandono y genera una imagen de contaminación en un espacio que debería mantenerse limpio por su cercanía con áreas recreativas y de tránsito constante.
Vecinos de calles como Guillermo Prieto, su privada del mismo nombre y la avenida cercana, aseguran que los residuos se han ido acumulando sin que hasta el momento alguna autoridad intervenga para retirarlos.
Señalan que la situación comienza a convertirse en un foco de infección, especialmente por los malos olores y la presencia de fauna nociva que podría derivar en riesgos para la salud pública.
Y es que no solo son personas en situación de calle quienes depositan la basura en el lugar, sino también vecinos de otras zonas que aprovechan la oscuridad para dejar sus desechos; esta práctica ha ido acumulando la basura en la zona convirtiéndola en un foco rojo.
La presencia de tiraderos a cielo abierto representa un riesgo directo para la salud y la calidad de vida de los habitantes que viven en sus inmediaciones. La acumulación de residuos sin control favorece la proliferación de fauna nociva como ratas, cucarachas y moscas, vectores que pueden transmitir enfermedades gastrointestinales, infecciones en la piel y padecimientos respiratorios.
Además, la descomposición de la basura genera gases y malos olores que contaminan el ambiente y afectan de manera constante a quienes habitan o transitan por la zona.
Otro de los impactos más graves es la contaminación del suelo y del agua. Los líquidos que desprenden los desechos, conocidos como lixiviados, pueden filtrarse hacia el subsuelo o escurrir hacia ríos y drenajes, llevando consigo bacterias, metales pesados y sustancias tóxicas. Esto no solo deteriora el entorno natural, sino que también pone en riesgo fuentes de abastecimiento de agua y ecosistemas locales.
En temporada de lluvias, la problemática se agrava, ya que la basura puede obstruir alcantarillas y provocar encharcamientos o inundaciones. Asimismo, algunos tiraderos clandestinos suelen ser incendiados de manera intencional o accidental, liberando humo con partículas contaminantes que afectan principalmente a niños, adultos mayores y personas con enfermedades crónicas.
Especialistas en salud pública advierten que mantener residuos en espacios abiertos no solo es un problema ambiental, sino una amenaza constante para el bienestar comunitario, por lo que subrayan la importancia de fortalecer la recolección, la vigilancia y la cultura de manejo responsable de los desechos.
Habitantes de la zona hacen un llamado urgente a las instancias correspondientes para que atiendan el problema y refuercen las acciones de vigilancia y limpieza, a fin de evitar que este punto se consolide como un tiradero permanente y continúe deteriorando el entorno urbano y ambiental de la capital oaxaqueña.
