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Reconocimiento de la necesidad

Una imagen histórica que representa la administración del bien público en épocas pasadas, reflejando el reconocimiento de una necesidad comunitaria importante.
Foto(s): Cortesía
Redacción

Por Gerardo Garfias Ruiz / Colaborador  

Dice el librito que la libertad implica el reconocimiento de la necesidad, que para poder acceder a la solución de algo que no funciona es fundamental e impostergable reconocerlo como principio de la solución porque de lo contrario regodearse, dosificarlo o darle una carácter transitivo en terceras personas, solo conduce a más de lo mismo y como sucede a menudo, crecen desmesuradamente al punto de no tener salida civilizada y en no pocas ocasiones afecta ineludiblemente a quienes lo provocan, o a quienes bajo diversas causas los encubren. Resulta poco probable que quienes dirigen acciones y decisiones en aspectos torales de la vida económica, social y política reconozcan abiertamente los yerros y equívocos directos o indirectos que estas actividades propician y por el contrario sus protagonistas y adláteres no solo los niegan y combaten persistente y vehementemente los señalamientos en contrario, sino que despliegan una suerte de discursos, declaraciones e información a modo que de tanto repetirlo puede crear una idea en sus escuchas que son verdad o en no pocos casos argumentos, posiciones y conductas de denuestos, señalamientos y también acciones legales, políticas y violentas en su contra que desencadenan conflictos sociales, revueltas e ingobernabilidad en el caso del sector público.

La administración del bien público en esos tiempos, se observa en un contexto social de hastío, cansancio, de critica constante, de observación puntillosa, de circulación de información, opiniones, posicionamientos exprés sin necesariamente sustento y buena fe que las redes sociales viralizan en minutos exhibiendo conductas, hechos, yerros, costumbres y prácticas que crucifican y denuestan a los que por el voto de la mayoría o como empleados públicos se exponen al escrutinio masivo y pocos veces son reconocidos como eficientes y eficaces servidores de la sociedad a la que se deben. A pesar que en los tiempos que corren en México en que como durante más de ochenta años permitimos que un solo partido político y sus grupos de poder decidieran los destinos de la mayoría, hoy el actual que se auto define como de izquierda, no parece tomar en cuenta lo que al otrora invencible lo llevó a ser desplazado hasta casi su desaparición ni mucho menos tener claro que mientras persista el sistema de explotación del hombre por el hombre, la apropiación de unos cuantos de la riqueza que otros producen, los valores, la ideología, las leyes y las practicas sociales individualistas, de explotación y de prevalencia de los intereses del capital, todo o casi todo lo que se practique e instrumente desde el poder, será en el mejor de los casos reformismo, simulación, demagogia y discursos vacíos de supuestos cambios.

Por qué extrañarse entonces de las conductas de nuevos ricos de la actual clase en el poder, qué novedad puede ser enterarse casi a diario de la acumulación de los que gobiernan en mansiones de millones de pesos, viajes y gastos suntuosos, ropa, accesorios y vehículos lujosos y de contratos y adjudicaciones de obras y compras públicas millonarias sin licitación y en redes de cuates y cuotas en la más completa impunidad, del nepotismo rampante y progresivo así como de la disposición de los recursos públicos y ahora el predominio del crimen organizado. El capitalismo salvaje y sus valores se reproducen de manera bizarra y paya consolidando el estatus quo de tal manera que los nuevos personeros del capital en el gobierno a lo más que aspiran además de acumular con el bien común, es a practicar y a asumir las conductas, consumos, modas y símbolos de lo que consideran pueden caracterizarlos como clones de los dueños del País: No es que sean reprobables los lujos y riquezas mal habidas, sino que solo los dueños del capital los tengan.

Así y aun con estas condiciones económicas, sociales, políticas y de la cultura del individualismo y la acumulación a costa de la apropiación del valor que otros producen, en esta hora que al menos declarativamente se define la necesidad de un alto en el camino y replantear lo que se ha hecho y puede hacerse en los tres últimos años de la actual administración, es necesario reflexionar, y diseñar el posible replanteamiento del ejercicio de gobierno a partir de reconocer la conformación de Oaxaca en al menos 17 formas diferentes de concebirla y en consecuencia en 17 formas de acordar el ejercicio de gobierno; de una pobreza extrema que además de contar con 75 municipios de los más pobres del País, cinco son los primeros en la lista ignominiosa nacional; que la movilización y pluralidad son constantes que determinan la gobernabilidad y que la prepotencia, uso de la ley a modo, la represión y persecución de los defensores comunitarios es más de lo mismo y así el replanteamiento quedará como intención y que es la población con mayor educación formal y numérica la que votó en contra.    

Gerardo Garfias Ruiz                [email protected]     

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