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Productores de jícama en Oaxaca enseñan a cosechar y valorar esta raíz

jicama
Foto(s): Cortesía
Nadia Altamirano Díaz

La jugosidad, el sabor y el saber que comerán jícama libre de fertilizantes sintéticos hizo que Sibeles Jiménez y su esposo Jorge Crespo recorrieran por más de una hora los 57 kilómetros que separan su casa en Tlacolula de Matamoros con San Sebastián Xochimilco, donde se encuentra la parcela de José Luis García Casas, cuyos girasoles abrieron con el inicio de este mes de noviembre.

“No nos damos cuenta de todo el trabajo que se hace en campo y en el mercado regateamos”, expresa Jorge con la emoción de sacar, con ayuda de un trinche, una jícama "chonchota".

Por una jícama parecida la semana pasada él y su esposa pagaron 35 pesos en el Mercado de Abasto, cuando los precios de la fruta y otros elementos del Altar de Muertos incrementaron su demanda, pero aquí, al pie de la parcela del señor José, ambos pagan 40 pesos por 12 jícamas de diferentes tamaños.

 

Revalorar

“Desde la semana pasada queríamos venir, pero por el trabajo no pudimos”, afirma Sibeles, a quien de imaginar que comerá la jícama como botana con chile piquín y limón o en ensalada se le ensaliva la boca.

No hace falta probarla para estar segura que junto con su sabor dulce y almidonado probará un tubérculo jugoso porque entre el 86 al 90 por ciento es agua, sin contar que es rico en vitamina C, calcio, fósforo, potasio, hierro, proteína y lípidos. 

Su prima Sandra, quien viajó de Juchitán de Zaragoza para visitar a Sibeles y a Jorge, queda también maravillada al mirar como ambos sacan de la tierra jícamas que no tenía idea cómo se cosechaban.

“Es una experiencia que no me imaginaba”, reconoce Sandra, quien  prefirió ser quien tome las fotos de la cosecha de jícama y del corte de girasoles que  aquí se pueden encontrar en tres variedades.

Desde la fan page “Alimentemos a las abejas”, la familia de José ha invitado a las personas que puedan llegar al paraje Libertad, en el municipio de Magdalena Apasco, Etla, a cosechar sus propias jícamas, como las que todavía tienen disponibles  porque un diez por  ciento de la producción la reservan para obtener la semilla que utilizarán en la siguiente siembra.

 

Acaba producción 

Daniel, un joven que se ha sumado a la producción en familia de flores de la temporada de Muertos y girasoles, estima que sembraron media hectárea con cempasúchil, cresta  de gallo, San Miguelito, jícama y girasoles, y prácticamente “todo se acabo”.

Tan sólo de jícama sembraron 500  metros  cuadrados, pero con la flor para el Día de Muertos “nos ayudó es que hay señores que compraron en gran cantidad” y la quedó en la parcela es porque no tuvieron tiempo de venir a cortarla.

Carmen, novia de Daniel, se  ha sumado a apoyar en la comercialización de la familia, pero sobre  todo en la atención a las personas que de  domingo a viernes pueden llegar a partir de las 10 horas y antes de las 18:00 horas para aprovechar la  luz del sol para la toma  de fotografías  que visitantes  suelen compartir en sus redes sociales.

 

Beneficios

Desde su sitio web el Fideicomiso de Riesgo Compartido (Firco) destaca las bondades nutritivas de la jícama, por ser baja en calorías y mejorar la absorción de calcio que proviene de otros alimentos, previniendo la osteoporosis.

Al permitir el crecimiento de las bacterias “buenas” ayuda a mantener un colon sano y su potasio es benéfico para la salud cardiaca.

El ingeniero Carlos Barragán García, quien participa en el Programa Interinstitucional de Especialidad en Soberanías Alimentarias y Gestión de Incidencia Local Estratégica (PIES ÁGILES), busca trabajar con comunidades de aprendizaje como la que integró con la familia de José, promoviendo actividades de agroturismo en donde los visitantes pueden cosechar los productos y conocer el trabajo que hay detrás de cada alimento o flor.

“Así se revalora el trabajo de los campesinos y ellos encuentran un canal de comercialización que valora su forma de vida y le da la posibilidad de obtener ingresos para el sostén de sus familias”, además de que la crisis de la COVID ayudó a hacer conciencia de que se puede hacer comunidad, “mover la economía local y optar por alimentos sanos que no dañen nuestra salud y mejoren el medio ambiente”.

Por ello, está seguro que para las y los productores esta temporada de Día de Muertos fue muy buena porque lo que había en campo se acabó, pero el problema fue para revendedores que acapararon más de lo acostumbrado y no pudieron vender toda la flor.

“Lo que se tenía se vendió. Fue un buen año. Todos acabaron su producción para Día de Muertos, desde el sábado (29 de octubre) había compradores buscando flor, pero ya no encontraron. Los productores vendieron, pero los intermediarios acapararon y saturaron la oferta”, explica.

La ventaja de productores que como José sortearon la falta de agua y lograron producir jícama fue poder complementar su economía, pero para el ingeniero Carlos Barragán hay una mejor ganancia: abonar la tierra, porque al  ser una  leguminosa actúa como un fertilizante orgánico que fija nitrógeno en la tierra.

 

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