Integrantes de la campaña Oaxaca Sin Chatarra presentaron la Guía Comunidades Saludables para comedores, cooperativas y tiendas escolares, una herramienta que recopila experiencias comunitarias con el objetivo de apoyar el cumplimiento de los lineamientos de escuelas saludables y fomentar entornos alimentarios sanos para la niñez.
Durante la presentación realizada este miércoles en el Instituto de Artes Gráficas de Oaxaca (IAGO), activistas por el derecho a una alimentación sana y nutritiva revelaron las múltiples maniobras de la industria de alimentos ultraprocesados para mantener sus ganancias a costa de la salud pública. Al mismo tiempo, destacaron las estrategias que impulsa la sociedad civil desde las localidades para recuperar y revalorizar los alimentos ancestrales como los quelites, frijoles y maíz, que por décadas han sido estigmatizados como alimentos “para personas empobrecidas”.
“Crecimos con la mentira del Pancho Pantera y el Tigre Toño, personajes que vendían una falsa idea de nutrición”, señaló Abelardo Ávila, especialista en nutrición.
Por décadas —expuso— se instaló una narrativa que asociaba el consumo de productos industrializados con el progreso, mientras se estigmatizaban alimentos tradicionales como la tortilla en comparación con el pan de trigo.
Esa construcción simbólica, explicó, comienza desde la etapa prenatal y se refuerza a lo largo de la vida. Además, destacó que el desplazamiento de alimentos originarios como el maíz fue parte de un proceso “violento y destructivo” impulsado por intereses económicos.
“México es el país número uno en consumo de bebidas azucaradas, pero eso se logró gracias al enorme apoyo fiscal y político que recibieron las refresqueras”, indicó.
Como ejemplo, citó el caso de los Altos de Chiapas, donde el agua destinada a la población fue concesionada a las refresqueras a cambio de pavimentaciones y electrificación en comunidades. Detrás de esas acciones estaba también el objetivo de facilitar el ingreso de los camiones refresqueros.
“En su momento regalaron refrigeradores a las tienditas. Así como los dealers de drogas, la primera carga fue gratis”.
En su intervención, Martha Roxana López Pérez, ingeniera en desarrollo comunitario y participante en el consejo editorial de la guía, compartió la experiencia del rescate de los quelites como alimento ancestral y saludable en la localidad de Zaragoza Siniyuvi, perteneciente al municipio de Putla Villa de Guerrero.
Previamente, Blanca Castañón Canals hizo un recuento del nacimiento de la campaña Oaxaca Sin Chatarra, impulsada por organizaciones de la sociedad civil, y de las luchas que han enfrentado, como la batalla legal contra los retrocesos en la legislación que prohíbe la venta de productos ultraprocesados, azucarados y empaquetados a niñas y niños.
Frente a los intentos por revertir esa reforma, explicó, se promovió un amparo constitucional para defender el derecho de la infancia a una alimentación saludable.
La campaña Oaxaca Sin Chatarra nació como una respuesta colectiva de la sociedad civil tras la aprobación, en diciembre de 2020, de la reforma al artículo 20 Bis de la Ley General de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes, en la que se estableció la prohibición de obsequiar o dotar de alimentos ultraprocesados y azucarados a niñas, niños y adolescentes.
La campaña busca que este sector de la población se apropie de su derecho a la salud y a una alimentación sana y nutritiva, además de promover una cultura alimentaria basada en el bienestar, el consumo consciente y la revalorización de los alimentos tradicionales.
“Oaxaca Sin Chatarra no es solo una campaña contra los productos ultraprocesados, sino una apuesta por un futuro digno para las nuevas generaciones”, subrayó.
