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“Me duele la pobreza”: Obispo de Huautla; indígenas con fe en Dios

Foto(s): Cortesía
Octavio Vélez Ascencio

Octavio Vélez Ascencio

A poco más de un año de su toma de posesión, el obispo de la Prelatura de Huautla, Guadalupe Antonio Ruiz Urquín se siente conmovido por la enorme fe en Dios manifestada por los pueblos indígenas de la Sierra Mazateca, pero también por la gran pobreza en que viven.

“Valoro ese espíritu religioso, pero a la vez me duelen mucho sus carencias”, asevera.

En entrevista, el pastor religioso afirma que en los 14 meses de su labor episcopal ha conocido la cultura y el gran sentido de Dios en los pueblos indígenas mazatecos, náhuatl y mixtecos de las 10 parroquias de esa jurisdicción eclesial.

“La fe en Dios ha animado la vida y la cultura de estos pueblos. Su sentido de Dios es muy grande y muy profundo. Y su manera de mostrar esa fe es expresa, viva, espontánea y natural, por la síntesis entre sus culturas y la fe cristiana”, asienta.

Es una fe humilde y sencilla, pero viva, ¿no?

–Así es, expresan su sentido de Dios de esa manera. La vida de fe, la catequesis y la evangelización que iniciaron los anteriores obispos Hermenegildo Ramírez Sánchez, Héctor Luis Morales Sánchez y José Armando Álvarez Cano, empiezan a tener bases sólidas, porque se van arraigando poco a poco. La liturgia se ha enriquecido con la cultura de los pueblos indígenas y eso hace una iglesia muy viva. Eso lo que precisamente quiere la iglesia, la inculturación del evangelio.

Por las condiciones orográficas y geográficas de la sierra mazateca, ¿la labor pastoral de los sacerdotes es sencilla?

–No ha sido fácil. En la prelatura ya tenemos sacerdotes mazatecos, que son testimonio directo de esa fe, pero los demás que no son de ahí han hecho un trabajo no simplemente de adaptación, sino de aprender todos los elementos de las culturas de los pueblos indígenas para catequizar y evangelizar. Ha sido un enorme y gran trabajo, valoro su disponibilidad y su espíritu misionero.

La falta de medios de comunicación, ¿dificulta el trabajo pastoral?

–No tenemos los medios de una ciudad con todo su desarrollo, a veces no tenemos señal de telefonía celular, ni internet, pero eso no quiere decir que no podamos comunicarnos de manera creativa para llevar el evangelio hacia las comunidades, a los catequistas, a los coordinadores. Todos los días, envío el evangelio y su comentario a través de Whatsapp, a quienes tienen este servicio de mensajería.

Seguramente como sucede en el resto de Oaxaca, los pueblos indígenas de la sierra mazateca, a pesar de su pobreza, comparten con el obispo y los sacerdotes lo poco que tienen, ¿sucede así también en la prelatura?

–Tienen un alto sentido de hospitalidad y de compartir con los sacerdotes, con los catequistas y con los evangelizadores, por su gran apertura de corazón y sentido de religiosidad. En medio de su pobreza, comparten lo que tienen.

¿Y le duele esa pobreza?

–Claro, que sí, me duele y me preocupa mucho, porque hay mucha riqueza para aprovechar y puedan salir adelante. Hay mucha agua y tierras fértiles. Es una gran tarea de todos para que se aprovechen esos recursos y hacer producir la tierra.

En estos 14 meses, ¿qué ha podido conocer de esa pobreza?

–En cuestión de salud no tienen insumos, aunque bendito Dios han aprendido a curar con la medicina natural, pero hay enfermedades que la sobrepasan y muchos mueren por la pobreza, como ahora con el COVID-19. Incluso, muchas familias quedaron endeudadas para conseguir un tanque de oxígeno.

Se come, Dios da de la tierra lo suficiente, pero podrían estar mejor con un mejor sistema de alimentación, pero hacen falta fuentes de trabajo para eso y con el fin de mejorar las condiciones de la casa, de la familia. Por eso, muchos emigran a Puebla, Tehuacán Ciudad de México o a Oaxaca, buscando mejores condiciones de vida.

¿Es un gran pendiente no solo del gobierno, sino también de la iglesia?

–Es un pendiente grande que tiene que trabajar la iglesia y el gobierno civil para que salgan de la pobreza económica y social.

El gobierno civil tiene que buscar una manera creativa de hacer llegar los recursos y así garantizar una justa distribución para las familias más pobres, para la educación y para los ancianos. Es un dolor, la pobreza de nuestra gente, pero tengo la esperanza de que saldrán adelante.

Entonces, ¿es necesario que el evangelio influya en los gobernantes y en quienes pueden compartir con los pobres?

–Sí, es una tarea de operación célula u hormiga para tocar puertas y corazones, porque el evangelio de Jesús promueve el amor solidario y el compromiso del cristiano con los demás. Hay muchas personas de buen corazón que ayudan los demás, es un signo grande saber compartir, pero no alcanza para tantos.

Aunque hay otros católicos con fe, que cuando tienen ya no quieren compartir, ni buscar los caminos para que alcancen los demás.

Debemos aprender a compartir y crecer en la solidaridad con nuestros hermanos más necesitados.

 

 

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