Nadia Altamirano Díaz
Antes de que iniciara el ciclo escolar 2021-2022, Sara y su esposo Roberto inscribieron a sus hijos Regina y Víctor a un curso de verano en una nueva escuela "para ver si se acomodaban". Esa fue la única opción que encontraron para que ella continuara sus actividades laborales que comenzaron a demandar su presencia cinco días a la semana, de 9:00 a 15:00 horas en oficina.
"Para mí ha sido más fácil y para ellos también. Mi hija Regina medio leía, no sabía sumar ni restar y ahorita en segundo grado ya empieza a multiplicar", pero en el caso de su hijo menor este es el primer año en el preescolar, ya que en el ciclo escolar anterior no lo inscribió porque "con una apenas y podía con las clases de zoom".
Es que en la escuela de Regina, donde Víctor también había entrado desde el maternal, las clases virtuales comenzaban desde las 8:00 horas y terminaban cinco horas y media después. Para el mes de mayo pasado, "Regina ya no se conectaba porque no quería".
A pesar de que su maestra le explicaba lo mejor que podía, Regina se distraía y pedía que Sara estuviera a lado de ella todo el tiempo que tomaba sus clases, algo que su mamá no podía hacer porque necesitaba trabajar.
“Regina se desesperaba de estar tanto tiempo en zoom y yo ya no podía conectarla diario porque 3 días a la semana debía acudir a la oficina, por eso nos decidimos a buscar una escuela con clases presenciales”, una decisión de la que no se arrepiente porque contrarío a lo que se teme, no han enfrentado un contagio.
En el salón de Regina sólo acuden 5 niños y niñas y otros 4 reciben las clases a distancia, pero el cupo máximo es para 10 en horario de 8:00 a 15:00 horas.
“Llevan su gel antibacterial y varios cubrebocas porque necesitan cambiarlos, les mando desayuno, colación y aparte pagamos 35 pesos por la comida. Si no ha habido contagios en mucho tiene que ver porque no son tantos alumnos ”, considera.
El cambio de escuela, entre compra de uniformes, zapatos, útiles, pago de cuotas y otros gastos significó desembolsar 20 mil pesos, por lo que pidieron un crédito a tres meses.
Finalmente, ella considera que de existir más escuelas abiertas pudo haber elegido una más económica, en tanto que por el horario de atención descartó una pública ya que le impide conciliar su horario laboral con la crianza.
