Villa de Etla, Oaxaca.- No hay un sólo rincón de este municipio de los Valles Centrales que no deje claro que llegó el Día de Muertos y con esta festividad las muerteadas, esa suerte de representación teatral que, a ritmo de música de banda, con versos y disfraces, relata de una manera chusca los acontecimientos de una población que se vuelca en sus calles toda la noche del 1 de noviembre, hasta amanecer.
Con meses o semanas de anticipación, los muerteros -como se les conoce a quienes se disfrazan la noche del primer día de noviembre, a los ocho día y de nuevo a los 15 días- alistan su atuendo, ya sea con máscaras tradicionales de cartón o con las de hule espuma que diseñan personas como Francisco Ángeles, quien domina esta y otras técnicas creativas.
En sus manos, la amplia placa de hule espuma (poliuretano) adquiere más maleabilidad, pero terminar una máscara o un traje completo le puede llevar tres horas o hasta tres días, según la complejidad y detalle que requiera la creación.
Parodiar con creatividad
El pan, chocolate, frutas, flores y demás elementos para que las personas vivas reciban a sus muertos salen del mercado municipal y las calles se habilitan como un tianguis que se extinguirá junto con la fiesta que se combina con rostros maquillados con el personaje creado a principios del siglo XIX por José Guadalupe Posadas: la Catrina.
Francisco creció en ese ambiente burlesco y satírico, viendo cómo cada primer día de noviembre su padre Javier se caracterizaba de una señora embarazada o algún personaje de la comunidad, a manera de parodia.
La curiosidad por hacer su propio disfraz lo hizo empezar a trabajar con el hule espuma desde los diez años y 18 años después, ha logrado un dominio del que todavía no se siente satisfecho, porque en cada máscara, sobre todo cuando le piden experimentar algo nuevo, puede aprender.
“Fue una novedad el poder tener una máscara de hule espuma, pero para quienes son fieles a la tradición de la cartonería y el látex no han querido dejar esa técnica, como mis hermanos que se quedaron con lo de antes, pero la esponja permite experimentar diseños diferentes”, expresa un hombre 28 años que también puede transformar cartón y látex en una máscara.
Días sin dormir
Los ojos irritados de Francisco revelan que desde la mañana del domingo no ha dormido nada.
Lo hará en un par de horas en la tarde para poder desvelarse de nuevo y cumplir con las 15 máscaras que tiene que entregar y tener el tiempo de elaborar su propio traje porque después de dos años que se cancelaron las muerteadas por miedo a contagios de COVID-19, no se perdería de salir a la calle disfrazado.
“Tengo sangre de muertero”, es de las primeras frases descriptivas con las que Francisco sintetiza la esencia de lo que hace desde que comenzó octubre y que terminará a mediados de noviembre, cuando las muerteadas protagonizadas por mujeres hayan pasado.
El piso es una gran mesa donde puede pintar una manta que le han encargado o dibujar a mano alzada, cortar y pegar las piezas de una máscara para la que no usa moldes, guiado por su imaginación, la creatividad y la técnica que ha mejorado en los últimos cinco años.
Más de media vida creando disfraces
Antes de terminar la secundaria, Francisco debió empezar a trabajar en una nevería y de ahí obtuvo el financiamiento para experimentar en solitario y comenzar a elaborar de manera autodidacta su propio disfraz con un plástico que por su porosidad es ligero y a la vez voluminoso, según se corte y se pegue cada elemento que colorea como si fuera un pintor que está frente a un auto recién ensamblado.
Consciente de que en el Valle de Etla lo que sobran es personas que como él atiendan la demanda de disfraces, sabe que cada quien tiene su estilo y su manera de armar una máscara y combinar materiales, porque también cada municipio tiene elementos que caracterizan a sus muerteadas o comparsas.
“A San José (Vista Hermosa) se le caracteriza por los cascabeles en los trajes, el chicote (una especie de látigo que se elabora con mecate de ixtle y en la punta un pedazo de hilo rafia para que truene en cada golpe) o máscaras de luchador; en Nazareno por los disfraces de (hule) esponja y zancos con personajes de películas y ciencia ficción”, expresa como un conocedor de las fiestas de estas fechas.
A la Villa de Etla le distingue esa creatividad para “raspar” a la gente, lo mismo personas con un oficio, políticos o que destacan por alguna “bobada” que hacen.
Francisco y sus hermanos, como organizadores en turno de una muerteada, fueron representados.
“Me sacaron con mi greñero de ese entonces, mi mochila y mi ropa llena de pintura”, recuerda sin decir que eso a su vez es una especie de honor o un reconocimiento de que se es parte de una comunidad que espera que este martes la banda comience a tocar rancheras, cumbias, jarabes y todo el amplio repertorio de música carnavalera que resuena en todas las casas para recordar que aquí todo noviembre es tiempo de comparsas y muerteadas.
“Fue una novedad el poder tener una máscara de hule espuma, pero para quienes son fieles a la tradición de la cartonería y el látex no han querido dejar esa técnica, como mis hermanos que se quedaron con lo de antes, pero la esponja permite experimentar diseños diferentes”.
Francisco, muertero
