El incremento en los precios, la inseguridad y que la clientela prefiera acudir a un centro comercial influyen para bajar al mínimo las ventas navideñas en la zona de pescados y mariscos de la Central de Abasto de la ciudad de Oaxaca.
"Ahora es como cualquier tiempo", expresa Zoila, una vendedora de pescado seco que en esta temporada no se animó a comercializar bacalao, principal ingrediente en las cenas navideñas, porque "la competencia está muy dura" y teme que la mercancía se le quede.
Otros años, recuerda, "se vendía más bonito", pero ella, comerciante en pequeño de uno de los mercados más grandes de Oaxaca entiende que es difícil la situación, tanto para quienes venden, como para quienes compran.
Las vísperas navideñas se notan en las vialidades que rodean la Central de Abasto. Las personas tratan de no perderse en los laberintos imaginarios que, al no respetar los pasos peatonales, forman autobuses de transporte urbano, taxis, vehículos particulares y hasta motocicletas.
Dentro de los pasillos de las diferentes áreas del Mercado Margarita Maza el comercio se desborda, los puestos rebosan de todo tipo de mercancías que han resentido la inflación del 7.8 por ciento que reporta el INEGI.
Entre el penetrante olor a camarón, pulpo y pescado los pulmones de Anali Portillo reafirma que esta es el área de productos del mar, donde se puede comer un camarón empanizado con salsa y limón si sólo se pagan 15 pesos o una mojarra cocinada por 50 pesos.
"¡Pasele!, ¿qué va a llevar? De a 10, de pura carne, calientito. ¿De cuál le doy amigo?", una invitación que Anali repite con una voz que no parece cansarse, a pesar de que la venta no repunta.
"Está muy tranquilo, anteriormente había más movimiento, el pasillo se llenaba", recuerda una mujer de 33 años a quien desde los seis años adquirió un gusto por el comercio y aprendió con su voz a llamar la atención de transeuntes para convertirles en clientes.
"Es enamorar al cliente para que te compre", pero por los estrechos pasillos lograrlo en estas fechas es una odisea.
A pesar de las bajas ventas, a Genoveva Portillo Victoria, madre de Anali, no le decae el ánimo por estar 12 horas en su pescadería y todavía confía en que a partir de este viernes las ventas repunten.
"Hay que echarle ganas para ganar clientes", afirma una mujer que como parte de una sexta generación de pescadores llegó a comercializar productos del mar en la Central de Abasto desde los 12 años.
Cuando en este mercado "no se veía nada de puestos, apenas uno por aquí y otro por ahí", llegó María Luisa Gabriel a expender mariscos con su esposo Carlos, quienes a falta de ventas terminaban comiéndose todo.
Salir con una canasta a buscar la clientela, era la forma de comerciar hace 42 años, por eso sabe bien que las buenas ventas habían sido en Semana Santa, Día de Muertos y Navidad.
"Este pasillo era bien alegre, pero a la gente le da asco venir porque por problemas de drenaje los puestos apuestan. Hasta hace 15 años todo el piso alcanzaba a estar seco, pero luego empezó a estar la porquería", expresa para referirse a lo que, desde su juicio, ahuyenta compradores.
A esa desatención oficial se suma que "todo está super caro" y ella como vendedora de cócteles de mariscos sabe qué productos subieron un 10 o hasta un 50 por ciento porque en vez volvió sus compras de insumos (galletas, mayonesa y salsa de tomate) al día.
"Vamos al día, conforme se vende, se compra. Ya no es como antes que uno guardaba y almacenaba sus cosas", se queja de manera involuntaria.
A lado del puesto de María Luisa, José Luis Guevara muestra un semblante de preocupación. Han pasado más de tres horas desde que llegó a su puesto, donde empaniza filetes, pescado y camarones, pero sólo ha vendido 50 pesos.
"Se preocupa uno porque desde que empezó la pandemia, la venta bajó" y para equiparar ese daño explica que si antes compraba 10 kilos de filete y otros cinco de mojarra para lograr al menos una venta diaria de dos mil pesos, ahora sólo adquiere la mitad.
"Antes de la pandemia el kilo de filete estaba a 50 pesos y ahora a 100 pesos, a la gente se le hace caro, ya no compra y este pasillo no es como en otras temporadas que dos días antes de Navidad ya había movimiento", refiere.
María del Rosario, quien lleva más de 20 trabajando en el área de pescados y mariscos frescos rememora que años atrás la tabla de más de un metro en la que el señor José Luis coloca una cama de lechuga fresca se llenaba de filetes y pescados fritos con una mezcla de harina y huevo que les hacen aumentar su tamaño.
"El ambiente era alegre, no se podía ni pasar, ahorita está de plano triste, apenas hay un cliente o dos", compara una mujer para quien, "desde chamaquita", la central de abasto se volvió su centro de trabajo venidos a menos porque ahora "mucha gente se va a centros comerciales, de repente viene, pero la inseguridad que está de plano, los ahuyenta"
Pero no todos los que venden en el área de pescados y mariscos ven un panorama gris. David Avendaño tiene la confianza de que entre este viernes y el domingo acabará la tonelada y media de producto que mandó a pedir, ya que aquí se surten coctelerías, pescaderías y personas que a pesar de las dificultades para llegar a la Central
- $300.00 el kilogramo del bacalao.
- De $90.00 a $100.00 el kilogramo de pescado fresco.
- De $160 a $200.00 el kilogramo de camarón,
- dependiendo el tamaño.
- $140.00 el kilogramo de filete de mojarra sin agua.
- $90.00 el kilogramo de filete tilapia.
