En destinos altamente turísticos como Oaxaca, la explotación laboral se convierte en una sombra que afecta principalmente a la población local, quienes en silencio soportan abusos.
Jornadas de hasta 9 horas sin pausas para descanso, bajos salarios, restricciones para sentarse; beber agua o consumir algún alimento, son algunas de las prácticas recurrentes en establecimientos en donde hay mayor demanda turística, mayor costo por los servicios y por ende, debería de haber mejor retribución a las y los colaboradores.
Ángel trabajó durante algunos meses en uno de los restaurantes más populares ubicados dentro del primer cuadro de la ciudad. El ingreso fue relativamente fácil ya que, salvo hablar inglés, los requisitos eran sencillos. Lo difícil vendría después.
El acceso al centro de trabajo no admitía ni un minuto tarde, pues de lo contrario la repercusión venía sobre las propinas, ingreso que les representa entre el 30 y 40 por ciento de su ingreso mensual, pues si bien tienen un salario base; éste es el mínimo, lo que significa que el comensal completa en buena parte los sueldos que debería de pagar el patrón.
En contra de la llamada Ley Silla, durante la jornada laboral todos tenían prohibido sentarse a descansar, mientras que la hora de la comida se daba sólo si había tiempo y sólo otorgando el tiempo mínimo.
“La rotación de personal era mucha. Algunos duraban un mes, otros dos o tres días y no regresaban porque las condiciones laborales son muy exigentes y al final no se compensan con la paga y el trato que te llegan a dar”, explicó
Otro abuso que se comente dentro de estas empresas turísticas son el retiro y resguardo de celulares para evitar que el personal llegue a tomar fotografías o videos de los abusos o, en el caso de los restaurantes, de la mala higiene, presencia de plagas o utilización de comida caducada.
Ángel explica que la explotación laboral se incrementa en los días de mayor presencia turística ya que además de aumentar la jornada de trabajo, se les suprimen los días de descanso.
Para Ángel, la situación cada vez se vuelve más injusta ya que, en el caso del restaurante en donde trabajó, éste se ha mantenido a flote con la mano de obra de la población local a costa de su salud, su integridad y su dignidad.
