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Farolitos navideños: así se elaboran los accesorios decembrinos en Oaxaca

El tiempo aproximado para elaborar un farolito es de una hora y media.
Foto(s): Cortesía
Citlalli López Velázquez

Entre las manos de doña Esperanza Benítez, el carrizo es dócil, se mueve obediente hasta formar una estructura de estrella que, al ser forrada con papel celofán, se convierte en un farolito navideño.

Aunque es descendiente de familia de artesanos canasteros, su incursión a esta labor es relativamente nueva. Fue hace diez años cuando José Gustavo, su hijo, comenzó a interesarse en el arte hecho con carrizo. Ahora hace canastas, monos de calenda, así como farolitos de navidad. 

“Él empezó y yo le seguí, primero hizo faroles grandes para calendas, después canasto, todos con figuritas. Todo el año lo realiza. La gente siempre busca los farolitos porque los usa para las calendas y hasta en las bodas”, destaca. 

Esperanza se envuelve en su rebozo rosa mexicano para ahuyentar el frío de diciembre. La noche se enreda en la calle de Cihuacóatl del barrio San José del municipio de Zaachila en donde tiene su casa y taller. El radio acompaña su velada en la venta de farolitos, mientras que a lo lejos silban los primeros cuetes anunciando la fiesta.

Hacer los farolitos requiere de mucha habilidad tanto en el carrizo como en malear el alambre que hace la estructura de un pato, un avión, un guajolote o cualquier otra pieza que al final es forrada con papel celofán y se le coloca dentro una velita. 

“Pareciera que son fáciles de hacer, pero imagínese usted para doblar el alambre, hacer la figura, es un poco difícil”, relata abrazada a ella misma como una figura perdida entre canastas de carrizo, marmotas y monos de calenda. El tiempo que toma hacer un farolito es de una hora y media, “todo requiere su tiempo”.

“Es una artesanía que sobrevive porque aquí en el pueblo ya casi no la hacen. Los chamacos, los muchachos ya no lo quieren hacer dicen que este trabajo es de personas mayores, de personas grandes. Mi hijo tiene 24 años, pero a él le gusta este trabajo”.

Teresa recuerda que, en Zaachila, en especial en el barrio San José, había mucho canastero que con el tiempo fueron falleciendo sin que nuevas generaciones los sustituyeran. La modernidad y el desinterés por las artesanías los hicieron abandonar la labor.

Otro de los elementos conjugados es la escasez de la materia prima: el carrizo. Para hacer faroles no se requiere mucho, pero para hacer un canasto ahora tiene que comprarlo. 

“El carrizo ya no sale tan bueno, yo pienso que es porque ya no llueve mucho. Antes en mi familia había mucho canastero. Cuando yo era chamaca veía como mi tío hacía sus canastos con carrizo grueso, cuando los abría salían bueno. Ahora no, los abres y todos se parten”.

 

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